LA BELLEZA DE LA CULPA | Jeff Foster

Cuando dices que «no»,

Cuando estableces tus límites,

Tal vez te sientas culpable.

Genial, ¡siente la culpa!

Y di «no» de todos modos,

Establece tus límites de todos modos,

Di tu más profunda verdad de todas formas.

Sentirse culpable no es malo,

Cuando infundes esta experiencia con curiosa consciencia,

Abraza «al que se siente culpable» en tus brazos,

Proporciónale espacio,

Respira en la incomodidad,

Deja que se sienta «mal» por un rato.

Y de todas formas di tu verdad,

De todas formas di «no»,

Establece tus límites de todos modos.

A veces dices que «si» para evitar el dolor de la culpa, ¿no es así?

Ignoras tus propios límites para evitar el dolor,

Pero el dolor es sostenible,

Puedes sobrevivir a él.

La culpa a veces surgirá como una ola,

Y se aquietará, para volver a surgir tal vez,

Y finalmente pasará.

Pero te mantendrás fiel a ti mismo,

En tu camino,

En tu integridad.

La culpa como una dulce compañía,

La culpa como un frágil niño que necesita tu amor,

La culpa como una aliada en el camino.

Ya no te dejas controlar por la culpa,

Cuando estás dispuesto a sentirla.

¬Jeff Foster

Photo by Nastya Gepp /Pixabay

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LA SABIDURÍA DEL SILENCIO INTERNO | Texto Taoísta

Habla simplemente cuando sea necesario.

Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.

Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra,

dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi.

De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.

Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.

No te quejes y no utilices en tu vocabulario

palabras que proyecten imágenes negativas

porque se producirá alrededor de ti

todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil qué decir,

es mejor quedarse callado y no decir nada.

Aprende a ser como un espejo: Escucha y refleja la energía.

El Universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo

que la Naturaleza nos ha dado,

porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos,

nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones

y nos envía el reflejo de nuestra propia energía

bajo la forma de las diferentes circunstancias

que se presentan en nuestra vida.

Si te identificas con el éxito, tendrás éxito.

Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos.

Así podemos observar que las circunstancias que vivimos

son simplemente manifestaciones externas

del contenido de nuestra habladuría interna.

Aprende a ser como el Universo,

escuchando y reflejando la energía

sin emociones densas y sin prejuicios.

Porque siendo como un espejo sin emociones

aprendemos a hablar de otra manera.

Con el poder mental tranquilo y en silencio,

sin darle oportunidad de imponerse

con sus opiniones personales

y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas,

simplemente permite una comunicación sincera y fluida.

No te des mucha importancia, y sé humilde,

pues cuanto más te muestras superior,

inteligente y prepotente,

más te vuelves prisionero de tu propia imagen

y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

Sé discreto, preserva tu vida íntima,

de esta manera te liberas de la opinión de los otros

y llevarás una vida tranquila volviéndote

invisible, misterioso, indefinible,

insondable como el Tao.

No compitas con los demás, vuélvete como la tierra

que nos nutre, que nos da lo que necesitamos.

Ayuda a los otros a percibir sus cualidades,

a percibir sus virtudes, a brillar.

El espíritu competitivo hace que crezca el ego

y crea conflictos inevitablemente.

Ten confianza en ti mismo,

preserva tu paz interna

evitando entrar en la provocación

y en las trampas de los otros.

No te comprometas fácilmente.

Si actúas de manera precipitada

sin tomar conciencia profunda de la situación,

te vas a crear complicaciones

La gente no tiene confianza

en aquellos que muy fácilmente dicen «sí»,

porque saben que ese famoso «sí» no es sólido y le falta valor.

Toma un momento de silencio interno

para considerar todo lo que se presenta

y toma tu decisión después.

Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría.

Si realmente hay algo que no sabes,

o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo.

El hecho de no saber es muy incómodo para el ego

porque le gusta saber todo, siempre tener razón

y siempre dar su opinión muy personal.

En realidad el ego no sabe nada,

simplemente hace creer que sabe.

Evita el hecho de juzgar y de criticar,

el Tao es imparcial y sin juicios,

no critica a la gente,

tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad.

Cada vez que juzgas a alguien

lo único que haces es expresar tu opinión muy personal

y es una pérdida de energía,

es puro ruido.

Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades.

El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.

Recuerda que todo lo que te molesta de los otros

es una proyección de todo lo que

todavía no has resulto de ti mismo

Deja que cada quien resuelva sus propios problemas

y concentra tu energía en tu propia vida.

Ocúpate de ti mismo, no te defiendas.

Cuando tratas de defenderte

en realidad estás dándole demasiada importancia

a las palabras de los otros

y le das más fuerza a su agresión.

Si aceptas el no defenderte estás mostrando

que las opiniones de los demás no te afectan,

que son simplemente opiniones

y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.

Tu silencio interno te vuelve impasible.

Haz regularmente un ayuno de la palabra

 para volver a educar al ego

que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo

Practica el arte de no hablar.

Toma un día a la semana para abstenerte de hablar.

O por lo menos algunas horas en el día

según lo permita tu organización personal.

Este es un ejercicio excelente para conocer

y aprender el Universo del Tao ilimitado

en lugar de tratar de explicar con las palabras qué es el Tao.

Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar

y tu verdadera Naturaleza Interna

reemplazará tu personalidad artificial,

dejando aparecer la Luz de tu Corazón

y el poder de la sabiduría del silencio.

Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas

para realizarte y liberarte completamente.

Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya.

El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio.

Si tu ego se impone y abusa de este poder

el mismo poder se convertirá en un veneno,

y todo tu ser se envenenará rápidamente.

Quédate en silencio, cultiva tu propio Poder Interno.

Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.

No trates de forzar, manipular y controlar a los otros.

Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son,

o lo que tienen la capacidad de ser.

Dicho en otras palabras,

vive siguiendo la vida sagrada del Tao.

Texto Taoísta

Traducción: Oscar Salazar

Photo by Bewakoof official /Unsplash

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SÉ SIEMPRE LO MEJOR | Martin Luther King

Si no puedes ser un pino sobre un monte, sé una hierba,

pero sé la mejor hierba pequeña a la orilla del arroyo.

Si no puedes ser un árbol, sé un arbusto.

Si no puedes ser una autopista, sé un sendero.

Si no puedes ser el sol, sé una estrella.

Sé siempre lo mejor de eso que eres.

Trata de descubrir el proyecto que estás llamado a realizar

y dedícate con pasión a cumplirlo en la vida.

¬Martin Luther King

Photo by Lechon Kirb /Unsplash

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AMAR | Xavier Villaurrutia

Amar es una angustia, una pregunta,

una suspensa y luminosa duda;

es un querer saber todo lo tuyo

y a la vez un temor de al fin saberlo.

*

Amar es reconstruir, cuando te alejas,

tus pasos, tus silencios, tus palabras,

y pretender seguir tu pensamiento

cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

*

Amar es una cólera secreta,

una helada y diabólica soberbia.

*

Amar es no dormir cuando en mi lecho

sueñas entre mis brazos que te ciñen,

y odiar el sueño en que, bajo tu frente,

acaso en otros brazos te abandonas.

*

Amar es escuchar sobre tu pecho,

hasta colmar la oreja codiciosa,

el rumor de tu sangre y la marea

de tu respiración acompasada.

*

Amar es absorber tu joven savia

y juntar nuestras bocas en un cauce

hasta que de la brisa de tu aliento

se impregnen para siempre mis entrañas.

*

Amar es una envidia verde y muda,

una sutil y lúcida avaricia.

*

Amar es provocar el dulce instante

en que tu piel busca mi piel despierta;

saciar a un tiempo la avidez nocturna

y morir otra vez la misma muerte

provisional, desgarradora, oscura.

*

Amar es una sed, la de la llaga

que arde sin consumirse ni cerrarse,

y el hambre de una boca atormentada

que pide más y más y no se sacia.

*

Amar es una insólita lujuria

y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,

dejar que el sueño invada nuestro cuerpo

como un río de olvido y de tinieblas,

y navegar sin rumbo, a la deriva:

porque amar es, al fin, una indolencia.

¬Xavier Villarurutia

Photo by James Resly /Unsplash

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ALEGORÍA DE LOS SIGNOS DEL ZODIACO | Martín Schulman

 Y fue por la mañana cuando Dios se encontró ante sus doce hijos y plantó la semilla de la vida humana en cada uno de ellos. Uno a uno, cada hijo se adelantó para recibir el don concedido.

A ti, Aries, te concedo mi semilla el primero, para que tengas el honor de plantarla. Que por cada semilla que plantes un millón más se multiplique en tu mano. No tendrás tiempo para ver crecer la semilla, pues cada cosa que plantes creará más, que tendrá que ser plantado.  Serás el primero en penetrar en el terreno de las mentes humanas con mi idea. Pero tu trabajo no consiste en alimentar la idea ni en cuestionarla. Tu vida es acción, y la única acción que yo te adscribo es la de empezar a hacer que los hombres cobren conciencia de mi creación. En compensación por tu buen trabajo, te concedo la virtud de la autoestima. Tranquilamente, Aries se retiró para volver a ocupar su lugar.

A ti, Tauro, te concedo el poder de convertir la semilla en sustancia. Tu trabajo es grande y requiere paciencia, pues debes terminar todo aquello que haya sido empezado, para que las semillas no se pierdan en el viento. Ni te cuestionarás ni cambiarás de idea en medio de tu trabajo, ni dependerás de otros para hacer lo que te pido que hagas. A cambio, te concedo el donde la fortaleza. Utilízala sabiamente. Y Tauro retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti, Géminis, te entrego las cuestiones sin respuestas, para que puedas aportar a todos una comprensión de lo que el hombre ve a su alrededor. Nunca sabrás porqué los hombres hablan o escuchan, pero en tu búsqueda de las respuestas hallarás el don, que te concedo, del conocimiento. Y Géminis retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti, Cáncer, te adscribo la tarea de enseñarles a los hombres lo que es la emoción. La idea que tengo sobre ti es que les hagas reír y llorar, de modo que todos ellos vean y piensen que la plenitud se desarrolla desde el interior. A cambio te concedo el don de la familia, para que tu plenitud pueda multiplicarse. Y Cáncer retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti, Leo, te encargo la tarea de desplegar mi creación, en toda su brillantez ante el mundo. Pero debes llevar cuidado con el orgullo y recordar siempre que se trata de mi creación, y no de la tuya. Porque si olvidas eso, los hombres se burlarán de ti. Hay mucha alegría en el trabajo que te encargo si sabes hacerlo bien. A cambio te concedo el don del honor. Y Leo retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti, Virgo, te pido que examines todo aquello que ha hecho el hombre con mi creación. Tienes que escudriñar agudamente sus formas y recordarle sus errores, de tal modo que, a través de ti, se pueda perfeccionar mi creación. A cambio de ello te concedo el don de la pureza de pensamiento. Y Virgo retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti, Libra, te encargo la misión del servicio, para que el hombre sea consciente de sus deberes para con otros. Para que sepa lo que es la cooperación así como la habilidad para reflejar el otro lado de sus acciones. Te situaré allí donde haya desacuerdo y recompensaré tu esfuerzo con el don del amor. Y Libra retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti Escorpio, te encargo una tarea muy difícil. Tendrás la habilidad para conocer las mentes de los hombres, pero no te permito hablar sobre aquello que hayas aprendido. En muchas ocasiones sentirás dolor por lo que ves, y en tu dolor te alejarás de mí, y olvidarás que no soy yo, sino la perversión de mi idea lo que está causando tu dolor. Verás tanto del hombre que llegarás a conocerlo como un animal, y lucharás tanto con sus instintos animales existentes en ti mismo, que perderás tu camino, pero cuando finalmente regreses a mi, Escorpio, te concederé el don supremo de la firmeza. Y Escorpio retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti, Sagitario, te pido que hagas reír a los hombres porque, como consecuencia de su mala interpretación de mi idea, se sentirán amargados. Gracias a la risa darás esperanza al hombre, y gracias a la esperanza ellos volverán sus ojos hacia mí. Tocarás muchas vidas aunque sólo sea por breves instantes, y conocerás la inquietud en cada una de las vidas que toques. A ti, sagitario, te concedo el don de la abundancia infinita, para que puedas extenderla con la suficiente amplitud como para alcanzar cada rincón de oscuridad llevando la luz a él. Y Sagitario retrocedió para volver a ocupar su lugar.

 A ti, Capricornio, te pido la herramienta de tu frente, para que puedas enseñar a los hombres a trabajar. Tu tarea no es fácil, pues tendrás la sensación de que todos los trabajos de los hombres descansan sobre tus hombros: pero a cambio del yugo de tus cargas, pongo en tus manos la responsabilidad del hombre. Y Capricornio retrocedió para volver a ocupar su lugar.

 A ti, Acuario, te entrego el concepto del futuro, para que el hombre pueda ver otras posibilidades. Tendrás que sufrir el dolor de la soledad, pues no te permito que personalices mi amor. Pero a cambio de abrir los ojos de los hombres a nuevas posibilidades, te entrego el don de la libertad, para que con ella puedas seguir sirviendo a la humanidad cada vez que ésta lo necesite así. Y Acuario retrocedió para volver a ocupar su lugar.

A ti, Piscis, te encargo la tarea más difícil de todas. Te pido que recojas todas las penas de los hombres y me las devuelvas a mí. Tus lágrimas serán, en último término, mis propias lágrimas. La pena que absorberás será el efecto de la mala interpretación que pueda hacer el hombre de mi idea, pero tu le ofrecerás la compasión suficiente como para que él vuelva a intentarlo. A cambio de ésta, la tarea más difícil de todas, te concedo también el mayor don de todos. Serás el único de entre mis doce hijos en comprenderme. Pero este don de la comprensión sólo es para ti, Piscis, porque cuando intentes comunicarlos al hombre, éste no te escuchará. Y Piscis retrocedió para volver a ocupar su lugar.

 

Después Dios dijo:

Cada uno de vosotros participáis de una parte de mi idea. No debéis confundir esa parte con la totalidad de mi idea, ni tampoco debéis desear intercambiar partes entre vosotros. Porque cada uno de vosotros es perfecto, pero eso es algo que no sabréis hasta que los doce seáis uno solo. Porque sólo entonces se os revelará la totalidad de mi idea a cada uno de vosotros.

Y los hijos se marcharon, cada uno decidido a hacer su trabajo lo mejor posible para poder tomar así su don. Pero ninguno de ellos comprendió por completo ni la tarea a realizar ni el don a recibir.

Y cuando, extrañados, regresaron, Dios dijo:

Cada uno de vosotros creéis que los dones de los demás son mejores. En consecuencia, os permitiré cambiar.

Y por el momento cada hijo se regocijó al considerar todas las posibilidades de su nueva misión.

Pero Dios sonrió y dijo:

Regresaréis a mi muchas veces, pidiéndome que os alivie de vuestra misión y en cada ocasión yo os garantizaré el cumplimiento de vuestro deseo. Pasaréis por incontables encarnaciones antes de completar la misión original que os he prescrito. Os concedo un tiempo incontable para hacerlo, pero sólo cuando esté hecha podréis estar conmigo.

¬Martín Schulman

Photo by Pixabay

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ATENCIÓN Y VIGILANCIA | Omraam Mikhael Aivanhov

La atención tiene varios aspectos. El aspecto más conocido es evidentemente la aplicación sostenida que se necesita para realizar correctamente nuestro trabajo, escuchar una conferencia o leer un libro.

Pero existe al mismo tiempo otra atención que se llama observación de sí mismo, introspección. Consiste en tomar conciencia en cada momento del día de lo que ocurre en nuestro interior, con el fin de discernir las corrientes, los deseos, los pensamientos que pasan por nuestra cabeza. Esta atención todavía no está suficientemente desarrollada.

Por eso, cuando llega el momento de resolver un problema, de comprender una cuestión importante, el cerebro está fatigado, ofuscado, y nada resulta bien.

Para que vuestro cerebro esté siempre lúcido, a vuestra disposición, debéis estar atentos, ser prudentes y mesurados en todas vuestras actividades, de lo contrario, aun cuando la Verdad en persona venga a presentarse ante vosotros, no comprenderéis nada. Para ser capaces de hacer frente razonablemente, inteligentemente, a todas las situaciones que se presentan, debéis mantener el pensamiento despierto y vigilante.

El que no está vigilante, el que cierra los ojos, está expuesto a todos los peligros.

No hay nada peor que vivir con los ojos cerrados. Hay que tener los ojos bien abiertos para darnos cuenta constantemente de los estados de conciencia en los que nos encontramos.

Sólo aquél que tiene los ojos bien abiertos posee la inteligencia de la vida interior, y no se deja atrapar por fuerzas o entidades extrañas.

¡Cuando un hombre se adormece está claro que cualquiera puede sorprenderlo!

Así pues, cuidad la atención interna, esta atención que debe mantenerse alerta, con el fin de que sepáis siempre lo que pasa dentro de vosotros. Ejercitaos. No basta con hacer de noche un examen de conciencia; debéis ser capaces de distinguir en cualquier momento del día cuáles son los deseos, los pensamientos, los sentimientos que pasan por vosotros, conocer su origen, su naturaleza, y ser capaces, si hace falta, de tomar precauciones o incluso de reparar los desperfectos producidos.

En la vida cotidiana, tan pronto como se produce un accidente, vemos que los bomberos o los militares salen enseguida para extinguir los incendios, reparar los puentes, despejar las carreteras, salvar a los heridos, etc.

En el plano físico encontramos natural reparar los desperfectos inmediata mente. Pero en el plano interno no sabemos qué hacer, dejamos que se produzcan toda clase de destrozos sin reaccionar. Pues no, cinco, diez, veinte veces al día hay que mirarse a sí mismo, para ver qué hay que reparar y no demorarse en hacerlo. De lo contrario, luego es demasiado tarde, porque entonces ya estamos desquiciados, anonadados.

¬Omraam Mikhael Aivanhov

Libro: Reglas de Oro para la Vida Cotidiana

Photo by Cristofer Jeschke

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LA MUJER | Osho

Si no eres capaz de respetar a las mujeres, no podrás respetar a nadie, porque procedes de una mujer.

La mujer te ha gestado durante nueve meses, luego te ha dado todos los cuidados, te ha amado durante años.

Y luego nuevamente… no puedes vivir sin una mujer.

Ella es tu consuelo, tu calor.

La vida es muy fría; la mujer se convierte en tu calor.

La vida carece de inspiración; la mujer se convierte en tu inspiración.

La vida es muy aritmética; la mujer se convierte en tu poesía.

Ella le da gracia a tu vida.

Ella te cuida.

Ella te ama, ella sigue amándote, tremendamente, totalmente.

¬Osho

Photo by Mel Elias /Unsplash

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CUENTO SUFÍ: EL PICHÓN DE ÁGUILA | Anónimo

Había una vez un campesino que fue al bosque vecino a atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa.

Consiguió cazar un pichón de águila. Al llegar a su casa, lo colocó en el gallinero, junto con las gallinas. Comía mijo y la ración propia de las gallinas, aunque el águila fuera el rey o la reina de todos los pájaros.

Después de cinco años, este hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Mientras paseaban por el jardín, el naturalista le dijo al hombre:

—Este pájaro que está allí no es una gallina. Es un águila.

De hecho —dijo el campesino— es águila, pero yo lo crie como gallina. Ya no es un águila. Se transformó en gallina como las otras, a pesar de tener las alas de casi tres metros de extensión.

No —dijo el naturalista—, ella es y será siempre un águila pues tiene el corazón de águila. Este corazón hará que un día vuele a las alturas.

No, no —insistió el campesino—. La he criado como una gallina y se ha convertido en una gallina, y jamás volará como un águila.

Como no se ponían de acuerdo, el naturalista le propuso hacer una prueba.

El naturalista cogió el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola, le dijo:

Ya que en realidad eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, ¡abre tus alas y vuela!

El águila se posó sobre el brazo extendido del naturalista.

Miraba distraídamente alrededor, vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos y dio un salto hasta llegar junto a ellas.

El campesino comentó:

—Yo le dije: se ha convertido en una simple gallina.

No —insistió el naturalista—. Ella es un águila. Y un águila será siempre un águila, experimentaremos nuevamente mañana.

Al día siguiente, el naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró:

Águila, ya que eres un águila, ¡abre tus alas y vuela!

Pero, cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y de nuevo fue junto a ellas.

El campesino sonrió y volvió a la carga:

—Yo le había dicho: se ha convertido en una simple gallina.

No —insistió firmemente el naturalista—. Ella es un águila, y siempre poseerá un corazón de águila. Vamos a experimentar todavía una última vez; mañana la haré volar.

Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano. Cogieron el águila y la llevaron fuera de la ciudad, lejos de las casas de los hombres y de los gallineros, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de las montañas.

El naturalista levantó el águila al cielo y le ordenó:

Águila, ya que eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!

El águila miró alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturalista la cogió firmemente y la puso en dirección al sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte.

En ese momento, el águila abrió sus potentes alas, graznó con el típico kau, kau de las águilas y se elevó, soberana, sobre sí misma.

Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto, a volar cada vez más alto. Y voló y voló hasta confundirse con el azul del firmamento.

¬Raúl de la Rosa

Compilador de textos de Sabiduría Sufí

Libro: La Danza del Corazón

Photo by Sam Bark /Unsplash

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A LA PUERTA DEL TEMPLO | Kahlil Gibran

Para hablar del Amor purifiqué mis labios con el fuego sagrado, pero no pude encontrar palabras adecuadas.

Cuando conocí el amor, las palabras se diluyeron en un lánguido jadeo y el canto de mi corazón en un profundo silencio.

¡Oh vosotros que me habéis preguntado acerca del Amor, vosotros, a los que persuadí de sus misterios y maravillas, ahora, desde que el Amor me envolvió con su velo, tengo que preguntaros sobre el rumbo del Amor y su mérito.

¿Quién puede responder a mis preguntas?

Pregunto sobre lo que hay en mi interior: quiero enterarme por mí mismo.

¿Quién de vosotros puede revelarme a mí mismo mi yo más profundo, mi alma a mi alma?

Decidme, por el amor de Dios…

¿Qué es la llama que arde en mi corazón devorando mis fuerzas y anulando mi voluntad.

¿Qué son esas suaves y ásperas manos escondidas que aprietan mi alma; qué es ese vino que, mezcla de felicidad y dulce pena, baña mi corazón?

¿Qué son esas alas que rondan mi almohada en el silencio de la noche, manteniéndome despierto mirando nadie sabe a qué?

¿Qué es ese algo invisible en el que clavo la mirada, qué ese algo incomprensible que rumio, qué el sentimiento que no puede ser percibido?

En mis visiones hay un sentimiento más hermoso que el eco de la risa y más arrobador que la felicidad.

¿Por qué me rindo a un poder desconocido que me mata y me vuelve a la vida hasta que apunta la aurora y llena mi habitación con su luz?

Los fantasmas de la vigilia tiemblan entre mis párpados secos y las sombras de los sueños rondan mi duro lecho.

¿Qué es lo que llamamos Amor?

Decidme…

¿Qué es ese secreto escondido en el tiempo que afecta todos los sentidos?

¿Qué es ese sentido que aparece a la vez como origen y resultado de todo?

¿Qué es esta vigilia que de la vida y la muerte hace un sueño más extraño que la vida y más grave que la muerte?

Decidme, amigos…

¿Alguno de vosotros no despertaría del sueño de la Vida si el Amor tocara su alma con la punta de su dedo?

¿Quién de vosotros no abandonaría padre y madre al llamado de la doncella amada de su corazón?

¿Quién de vosotros no navegaría mares distantes, cruzaría desiertos y treparía el pico más alto para encontrarse con la mujer que su alma eligió?

¿Qué alma juvenil no seguiría hasta el fin del mundo a la doncella que con su hálito aromático, su dulce voz y manos mágicamente suaves enajenó su alma?

¿Qué ser no quemaría su corazón como incienso ante un dios que escucha sus súplicas y accede a sus plegarias?

Ayer me detuve a la puerta del templo e interrogué a quienes pasaban sobre el misterio y el mérito del Amor.

Y por delante de mí pasó un anciano de rostro delgado y melancólico que suspiró y dijo: El amor es una debilidad natural que nos legó el primer hombre.

Pero un joven viril replicó: El amor une nuestro presente con el pasado y el futuro.

Entonces una mujer de cara trágica agregó: El amor es un veneno mortífero que inyectan víboras negras que se arrastran desde las cuevas del infierno. El veneno parece fresco como el rocío y el alma sedienta lo bebe anhelante; después de una pasajera embriaguez, el bebedor enferma y muere una muerte lenta.

Luego, una jovencita de mejillas rosadas dijo sonriendo: El amor es el vino que sirven las novias del amanecer: fortifica las almas fuertes y les permite ascender a las estrellas.

Después de ella, un hombre vestido de negro y con barba, frunciendo el ceño arguyó: El amor es la ciega ignorancia con la que comienza y termina la juventud.

Otro, sonriendo, declaró: El amor es un conocimiento divino que permite que el hombre vea tanto como los dioses.

Tanteando el camino con su bastón, un ciego dijo entonces: El amor es una niebla enceguecedora que impide que el alma perciba el secreto de la existencia, de modo que el corazón sólo ve fantasmas temblorosos de deseo entre los cerros y sólo oye ecos de gritos en los valles mudos.

Un joven, tocando su viola, cantó: El amor es un rayo mágico que emite el núcleo ardiente del alma y que ilumina la tierra circundante. Hace que percibamos la vida como un hermoso sueño entre un despertar y otro.

Y un anciano enfermizo, que arrastraba sus pies como andrajos, dijo temblorosamente: El amor es el descanso del cuerpo en el silencio de la tumba, la tranquilidad del alma en el abismo de la Eternidad.

Después dé él, un niño de cinco años afirmó riendo: El amor es mi papá y mi mamá y nadie conoce el amor más que mi papá y mi mamá.

Y así cada uno de los que pasó dio del Amor la imagen de sus esperanzas y frustraciones, dejándolo en el misterio como antes.

Entonces oí una voz en el interior del templo: La vida está dividida en dos mitades, una helada, la otra ardiente; la mitad ardiente es el Amor.

Luego entré al templo, me arrodillé y alegrándome, recé:

Haz de mí, oh Dios, comida

Para la llama inflamada…

Haz de mí, oh Señor, alimento

Para el fuego sagrado…

Amén.

¬Kahlil Gibran

Photo by Varshesh Joshi

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EL MUNDO | Eduardo Galeano

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso —reveló— un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales.

Hay fuegos grandes y fuegos chicos,

y fuegos de todos los colores.

Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento,

y gente de fuego loco que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman;

pero otros arden la vida con tanta pasión

que no se puede mirarlos sin parpadear,

y quien se acerca se enciende.

¬Eduardo Galeano

Photo by Tim Mossholder

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