CONVERSA CON LOS SABIOS DEL PASADO | Lucio Anneo Séneca

SE1314-190305 Conversa con los sabios Seneca Ph JilbertEbrahimi

De los que están desocupados, los que dedican su tiempo a la sabiduría son los únicos que viven, pues no sólo preservan bien su época: le añaden el tiempo todo; sean los que sean los años que antes que ellos han transcurrido, ellos los adquieren para sí.

Si no somos muy desagradecidos, aquellos celebérrimos iniciadores de dictámenes sagrados nacieron para nosotros, prepararon la vida para nosotros. Hacia bienes muy hermosos sacados de las tinieblas a la luz por el esfuerzo ajeno nos van llevando; no tenemos cerrado el paso hacia ninguna época, nos admiten en todos lados y, si cabe con la grandeza de ánimo traspasar las angosturas de la poquedad humana, hay mucho tiempo por el que podemos pasearnos.

Es posible discutir con Sócrates, dudar con Carnéades, serenarnos con Epicuro, superar la naturaleza humana con los estoicos, salir fuera de ella con los cínicos. Puesto que la naturaleza admite que lleguemos a ser copropietarios de todas las épocas, ¿por qué desde este tramo escaso y perecedero de tiempo no nos entregamos de todo corazón a esas realidades que son inmensas, que son eternas, que compartimos con los mejores?

[…] ¿Pensamos que éstos se entretienen en obligaciones auténticas? Podemos decir eso de aquellos que diariamente quieren tener como sus más allegados a Zenón, a Pitágoras y Demócrito, y a todos los demás sacerdotes de las buenas artes, a Aristóteles y Teofrasto.

Ninguno de estos dejará de tener tiempo libre, ninguno despachará a quien a él acuda sin hacerlo más dichoso, más conforme consigo mismo; ninguno consentirá que nadie se vaya de su lado con las manos vacías; reunirse con ellos de noche, reunirse de día pueden hacerlo todos los mortales.

Los sabios alargan y enriquecen tu vida. Ninguno de estos te obligará a morir, todos te enseñarán a ello; ninguno de estos gastará tus años, te prestará los suyos; con ninguno de estos será peligrosa la charla, con ninguno será la amistad comprometida, con ninguno costará caro el trato. Tomarás de ellos lo que quieras; por ellos no quedará que tú les saques todo lo que seas capaz.

¡Qué prosperidad, qué hermosa vejez aguarda a aquel que se agrega a su clientela! Tendrá con quienes deliberar sobre las cuestiones más pequeñas y sobre las más grandes, a quienes consultar diariamente sobre sí mismo, de quienes oír la verdad sin desdoro, recibir alabanzas sin adulación, a quienes hacerse semejante.

Solemos decir que no estuvo en nuestro poder qué clase de padres había de caernos en suerte, que se nos dieron por azar. Ahora bien, a nosotros se nos permite nacer a nuestro albedrío. Están ahí las familias de los más nobles talentos: escoge en cuál quieres entrar; tu adopción no sólo te dará un nombre sino esos bienes justamente que no habrá que custodiar con mezquindad ni malicia: se irán haciendo tanto mayores cuanto con más gente los compartas.

Estos te proporcionarán un camino hacia la eternidad y te alzarán a un sitio de donde a nadie echan abajo. Este es el único método de extender nuestra condición de mortales y hasta de transformarnos en inmortales. Los cargos, los monumentos, cualquier cosa que la ambición consigue sea con nombramientos o edificaciones, pronto cae, no hay nada que no lo derruya una larga vejez y lo revoque; no puede en cambio perjudicar a los bienes consagrados por la sabiduría: ninguna edad los abolirá, ninguna los achicará; la siguiente y la que luego venga le añadirán siempre algo más de prestigio, puesto que la envidia se ejerce en lo cercano y admiramos con mayor franqueza las cosas lejanas.

De manera que la vida del sabio se extiende mucho; a él no lo encierran los mismos límites que a los otros; es el único que se ve libre de las leyes del género humano; todas las épocas como a un dios le prestan servicio. Que algún momento ya pasó: lo posee mediante el recuerdo. Que es inminente: lo aprovecha. Que habrá de llegar: lo toma de antemano. Larga vida le otorga la reunión de todos los momentos en uno solo.

¬Lucio Anneo Séneca

Photo by Jilbert Ebrahimi  /Unsplash

 

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