EL AMOR VERDADERO | Isha

El amor verdadero no experimenta sufrimiento.

El amor verdadero es incondicional y está completo en sí mismo. Vive dentro de su propio corazón y sabe que todo lo ilusorio —todo lo que está fuera de sí mismo— no es real.

El amor verdadero da sin necesidad. La naturaleza del amor verdadero es dar, incondicionalmente. De modo que, en realidad, es imposible que el amor sufra.

Pero el amor que percibimos que nos causa sufrimiento no es incondicional. Ese amor es el amor romántico.Puede ser llamado también «amor apegado» y está repleto de condiciones. Encuentra plenitud y satisfacción dentro de las necesidades y de los deseos de la ilusión y, cuando esos deseos no son satisfechos, no se siente completo.

De modo que es imposible que el amor verdadero sufra, porque el amor verdadero viene de un corazón iluminado.

Pero el amor dual o amor ilusorio está siempre sufriendo, y le encanta sufrir. Adora el romanticismo, la pasión; le encanta el conflicto, le encanta el drama. Se pierde a sí mismo en cada aspecto de la experiencia humana mientras intenta sentirla y comprenderla completamente.

¬Isha

Libro: La Revolución de la Conciencia

Photo by Toa Heftiba /Unsplash

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LAS TRES PLENITUDES | José Luis Martín Descalzo

Habla San Alberto Magno que existen tres géneros de plenitudes:

«La plenitud del vaso, que retiene y no da;

la del canal, que da y no retiene,

y la de la fuente, que crea, retiene y da»

¡Qué tremenda verdad!

Efectivamente, yo he conocido muchos hombres-vaso. Son personas que se dedican a almacenar virtudes o ciencia, que lo leen todo, coleccionan títulos, saben cuánto puede saberse, pero creen terminada su tarea cuando han concluido su almacenamiento: ni reparten sabiduría ni alegría. Tienen, pero no comparten. Retienen, pero no dan. Son magníficos, pero magníficamente estériles. Son simples servidores de su egoísmo.

También he conocido hombres-canal: es la gente que se desgasta en palabras, que se pasa la vida haciendo y haciendo cosas, que nunca rumia lo que sabe, que cuanto le entra de vital por los oídos se le va por la boca sin dejar pozo adentro. Padecen la neurosis de la acción, tienen que hacer muchas cosas y todas de prisa, creen estar sirviendo a los demás pero su servicio es, a veces, un modo de calmar sus picores del Alma. Hombre-canal son muchos periodistas, algunos apóstoles, sacerdotes o seglares. Dan y no retienen. Y, después de dar, se sienten vacíos.

Qué difícil, en cambio, encontrar hombres-fuente, personas que dan de lo que han hecho sustancia de su Alma, que reparten como las llamas, encendiendo la del vecino sin disminuir la propia, porque recrean todo lo que viven y reparten todo cuanto han recreado. Dan sin vaciarse, riegan sin decrecer, ofrecen su agua sin quedarse secos.

Cristo —pienso— debió ser así. El era la fuente que brota inextinguible, el agua que calma la sed para la Vida Eterna.

Nosotros —¡ah!— tal vez ya haríamos bastante con ser uno de esos hilillos que bajan chorreando desde lo alto de la gran montaña de la vida.

¬José Luis Martín Descalzo

Photo by Ranhit Chakraborty /Unsplash

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LA SOLEDAD DE NO PERTENECER | Clarice Lispector

Estoy segura de que en la cuna mi primer deseo fue el de pertenecer. Por motivos que ahora no importan, debía de estar siendo que no pertenecía a nada ni a nadie. Nací por nacer.Ya en la cuna sentí esta hambre humana y ha seguido acompañándome toda la vida, como si fuese un destino. Hasta el punto de que mi corazón se contrae de envidia y y de deseo cuando veo a una monja: ella pertenece a Dios

Precisamente porque es tan fuerte en mí el hambre de entregarme a algo o a alguien me volví bastante arisca: tengo miedo de revelar cuánto lo necesito y lo pobre que soy. Sí, lo soy, muy pobre. Solo tengo un cuerpo y un alma. Y necesito más que eso. Quién sabe si empecé a escribir tan pronto porque, al escribir, por lo menos me pertenecía un poco a mí misma, aunque eso sea solo un triste facsímil.

Con el tiempo, sobre todo en los últimos años, he perdido la capacidad de ser persona. Ya no sé cómo se hace. Y una forma nueva de la “soledad de no pertenecer” ha empezado a invadirme como la hiedra de un muro.

Si mi deseo más antiguo es el de pertenecer, ¿por qué entonces nunca he formado parte de clubes o de asociaciones? Porque no es eso a lo que yo llamo pertenecer. Lo que yo quisiera, y no consigo, es por ejemplo que todo lo que de bueno surgiese en mi interior pudiese entregarlo a aquello a lo que perteneciese. Incluso mis alegrías, qué solitarias son a veces. Y una alegría solitaria puede volverse patética. Es como quedarse con un regalo envuelto en papel bonito en las manos y no tener a quién decirle: toma, es tuyo, ¡ábrelo! Como no quiero verme en situaciones patéticas y, por una especie de contención, evito el tono de tragedia, raramente envuelvo con papel de regalo mis sentimientos.

Pertenecer no resulta solo de ser débil y de necesitar unirse a algo o a alguien más fuerte. Muchas veces mi intenso deseo de pertenecer surge de mi propia fuerza, quiero pertenecer para que mi fuerza no sea inútil y haga más fuerte a una persona o a una cosa.

Aunque tengo una alegría: pertenezco, por ejemplo, a mi país, y como millones de otras personas pertenezco tanto a él que soy brasileña. Y yo que, muy sinceramente, nunca he deseado o desearé la popularidad —soy demasiado individualista para poder soportar la invasión de la que es víctima una persona popular—, me siento sin embargo feliz de pertenecer a la literatura brasileña por motivos que no tienen nada que ver con la literatura, porque ni siquiera soy una literata o una intelectual. Soy feliz solo por «formar parte».

Casi consigo visualizarme en la cuna, casi consigo reproducir en mí la vaga y sin embargo permanente sensación de necesitar pertenecer. Por motivos que ni siquiera mi madre o mi padre pudieron controlar, nací y me quedé así: nacida.

Sin embargo fui planeada para nacer de una manera tan bonita. Mi madre ya estaba enferma, y, según una superstición bastante extendida, se creía que tener un hijo curaba a las mujeres de una enfermedad. Entonces fui deliberadamente creada: con amor y con esperanza.

Pero no curé a mi madre.

Y hasta hoy siento la carga de esta culpa: me hicieron para una misión determinada y fallé. Como si contasen conmigo en las trincheras de una guerra y hubiese desertado.

Sé que mis padres me perdonaron haber nacido en vano y haber traicionado su gran esperanza.

Pero yo, yo no me lo perdono.

Desearía que simplemente se hubiese producido un milagro: nacer yo y curar a mi madre. Entonces sí: habría pertenecido a mi padre y a mi madre. No podía confiar a nadie esa especie de «soledad de no pertenecer» porque, como un desertor, mantenía el secreto de una huida que por vergüenza no podía ser conocido.

La vida me ha hecho de vez en cuando pertenecer, como si lo hiciese para darme la medida de lo que pierdo cuando no pertenezco.

Y entonces lo supe:«pertenecer es vivir». 

Lo sentí con la sed de quien está en el desierto y bebe con ansia los últimos tragos de agua de una cantimplora. Y después la sed vuelve y camino realmente por el desierto.

¬Clarice Lispector

Libro: Aprendiendo a vivir

Photo by Sea Uzu /Unsplash

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SOBRE LA PACIENCIA | Wayne W. Dyer

Ser infinitamente paciente significa saber, sin lugar a dudas, que te encuentras en armonía vibratoria con la Fuerza Omnicreadora que dispuso que llegaras aquí.

En realidad, colaboras en la Creación de tu vida. Sabes que aparecerán las personas idóneas según un programa de Orden Divino.

Intentar acelerar ese programa con tu propia agenda es como arrancar un brote de tulipán por haberte empeñado en que necesitas la flor inmediatamente,

«La Creación desvela sus secretos poco a poco,

no según tus planes»

El resultado inmediato que obtendrás con una paciencia infinita será una profunda sensación de paz. Sentirás el amor del proceso de la creación, dejarás de exigir y empezarás a estar ojo avizor para encontrar lo necesario. […]

«Tengo una fe absoluta en este proceso,

y me mantengo en armonía con mi Fuente»

El resultado inmediato de la paciencia infinita consiste en la paz interior derivada de saber que tengo un «jefe» que me enviará a alguien o me dejará en paz para que resuelva las cosas por mí mismo.

Esto se llama fe práctica, y te ruego que confíes en ella, que seas infinitamente paciente con ella y que mantengas una actitud de reverencia, respeto y agradecimiento absolutos cada vez que aparezca misteriosamente la persona idónea en tu espacio vital inmediato.

¬Wayne W. Dyer

Libro: El Poder de la Intención – Fragmento

Photo by Sushobhan Badhai /Unsplash

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LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD | Osho

La libertad tiene dos partes, y si sólo tienes una de sus partes, una sola parte, sentirás libertad mezclada con tristeza. De manera que tienes que comprender toda la psicología de la libertad.

La primera parte es la libertad de liberarse de la nacionalidad, de cierta iglesia, de cierta raza, de cierta ideología política. Esta es la primera parte de la libertad, la base de la libertad. Siempre es de algo.

Una vez que hayas logrado esta libertad, te sentirás muy ligero y muy bien y muy feliz. Y, por primera vez, empezarás a deleitarte en tu propia individualidad, porque tu individualidad estaba tapada por todas esas cosas de las que te has liberado.

Pero esto es sólo la mitad. Y entonces vendrá la tristeza, porque falta la otra mitad. Ya se ha logrado la libertad de, pero ¿libertad para qué?

La libertad en sí misma no tiene sentido a menos que sea libertad para algo, algo creativo: libertad para esculpir, libertad para bailar, libertad para crear música, poesía, pintura. A menos que tu libertad se convierta en una realización creativa, te sentirás triste. Porque verás que eres libre: tus cadenas están rotas, ya no llevas esposas, ya no llevas ninguna cadena, no tienes ninguna prisión, estás bajo la noche estrellada, completamente libre. Pero ¿a dónde ir? ….

Entonces llega una tristeza repentina. ¿Qué camino elegir?

Hasta ahora no se planteaba la cuestión de ir a alguna parte: estabas preso. Toda tu consciencia se concentraba en cómo liberarse, tu única ansiedad era cómo liberarte.

Ahora que eres libre, hay que afrontar un nuevo tipo de problema. ¿Qué hacer ahora que eres libre?

La libertad sola, en sí misma, no significa nada a menos que elijas un camino creativo. O profundizas más en la meditación para realizarte a ti mismo, o si tienes algún tipo de talento que no ha tenido ocasión de desarrollarse debido a tus grilletes. No podías componer música porque tenías las manos encadenadas, no podías bailar porque tus pies estaban encadenados. Si tienes talento para bailar, sé un bailarín. Entonces tu libertad es completa, entonces el círculo está completo.

Libertad «de» y libertad «para» es un dilema al que se enfrenta toda persona que primero lucha por la libertad y luego de pronto descubre: «Ahora que soy libre, ¿qué voy a hacer?». Hasta ese momento, estaba muy ocupada, muy afanada, muy atareada. Incluso en sueños pensaba sólo en la libertad. Y nunca se había planteado qué iba a hacer cuando la alcanzara.

Pero es necesario algo más. Tienes que volverte un creador. Tienes que encontrar alguna creatividad que colme tu libertad, de lo contrario tu libertad está vacía. Necesitas crear algo o descubrir algo. Actualiza tu potencial o entra en ti para encontrarte a ti mismo, pero haz algo con tu libertad. La libertad es tan solo una oportunidad para ti. No es el objetivo en sí misma. Simplemente te da toda la oportunidad de hacer lo que quieras hacer. Cuando eres libre y te sientes triste, es porque todavía no has usado esta oportunidad.

La meditación estará bien, la música estará bien, la escultura estará bien, el baile estará bien, el amor estará bien. Pero haz algo con tu libertad. No te quedes sentado con tu libertad, de lo contrario te entristecerás…

Pero recuerda algo fundamental para toda la cuestión de la libertad: la responsabilidad y la libertad van juntas. Si no quieres responsabilidad, tampoco puedes tener libertad. Ambas llegan juntas o ambas se van juntas.

Habías soñado con la libertad sin pensar nunca que le seguiría una gran responsabilidad. Tienes libertad, pero no has cumplido con la responsabilidad. Por eso permanece en torno a ti la tristeza. Eres absolutamente capaz de deshacer esta tristeza. Si fuiste capaz de deshacer tu esclavitud, tus cadenas, con seguridad eres capaz de ser creativo. Si fuiste capaz de deshacer las prisiones, con certeza puedes hacer, crear algo bello.

Mi propia experiencia es que, a menos que de alguna manera te vuelvas un creador, tu vida permanecerá vacía y triste. Las únicas personas dichosas son las creadoras. Puede que sea simplemente la creación de más consciencia, más experiencia de la verdad, la consciencia, la dicha. Puede que sea simplemente un mundo interior de creatividad o puede que sea algo externo. Pero la libertad tiene que volverse responsable, positiva.

Tu libertad todavía es negativa. Es bueno que hayas salido de la prisión, pero no es suficiente. Ahora tiene que ganarte el pan. Hasta ahora te estaban suministrando el pan. Con las cadenas, te estaban suministrando un cobijo, te estaban dando ropa…

La libertad significa que tendrás que ser responsable de cada acto, de cada respiración; serás responsable de todo lo que hagas o no hagas.

La gente en realidad le tiene mucho miedo a la libertad, aunque hable de ella. Pero mi propia experiencia es que muy pocas personas quieren realmente la libertad, porque en el subconsciente saben que la libertad traerá consigo muchos problemas que no están dispuestos a afrontar. Es mejor permanecer en un aprisionamiento confortable.

Tendrás que disipar la oscuridad de la tristeza; de lo contrario, tarde o temprano, entrarás en alguna prisión. No puedes seguir sobre cargándote de tristeza. Antes de que la carga sea excesiva y te haga retroceder a alguna esclavitud, cambia toda la situación siendo una persona creativa. Descubre cuál es tu alegría en la vida, qué te gustaría crear, qué te gustaría ser, qué quieres que sea lo que te defina.

¬Osho

Libro: Libertad. La valentía de ser tú mismo

Photo by Silvia Rita /Pixabay

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LA CLAVE DEL DESAMOR ESTÁ EN LA INFANCIA | Eduardo Punset

Es muy sorprendente que pocos o ningún sistema educativo intente destilar en las mentes de los futuros enamorados —todos los alumnos van a pasar, tarde o temprano, por ese trance— un mínimo conocimiento sobre las características de las hormonas vinculadas al amor.

¿Quiero decir con esto que bastaría con ser consciente de las bases genéticas y hormonales del desamor para evitar sus estragos?

Las emociones fluyen más deprisa que los pensamientos, y estamos muy lejos de poder controlar los dos canales de comunicación entre la amígdala y el hipotálamo cuando confluyen, no siempre en la misma dirección, pero es evidente que haber reflexionado en otros momentos sobre la semejanza entre la ansiedad de la separación en los niños y el desamor en los adultos podría aliviar el trauma del desengaño amoroso.

Ese fue el gran descubrimiento del científico inglés John Bowlby (1907-1990), que detalló la estructura y la forma de la seguridad generada por el apego infantil.

El rechazo de la pareja o el desamor evocan los primitivos y poderosos sentimientos infantiles azuzados por el alejamiento de los seres queridos. Bowlby comprobó que los humanos están dotados con circuitos neurales de apego seleccionados por las presiones evolutivas. Nacemos provistos de mecanismos programados para formar fuertes vínculos afectivos. Cuando estos vínculos se rompen, suena la señal de alarma del miedo atávico a la muerte por abandono. Esa emoción despierta cada vez que una espada nos separa definitivamente de un ser amado, y no hay vuelta atrás.

Lo que sugiere la ciencia moderna no es, simplemente, que el desamor desentierra los miedos que de niño empapaban la ansiedad de la separación de la madre y, ahora más a menudo que antes, también del padre, sino que, paradójicamente, cuando somos adultos no disponemos de más herramientas para hacer frente al desamor que las que teníamos de niños para combatir la ansiedad de la separación. Porque los mecanismos y las hormonas que fluyen por ellos son los mismos.

Las doce personas de cada cien que contraen una depresión entre moderada y grave al separarse recurren a los mismos mecanismos y flujos. De cada cien mujeres asesinadas, casi la mitad muere a manos de su marido, ex marido, novio y ex novio en cuyos cerebros se activaron idénticos mecanismos y hormonas. Se trata de las mismas descargas y circuitos cerebrales responsables de que nada menos que un 35 % de los niños se sientan inseguros.

Los grandes ausentes de esta lúgubre película no son tanto los niños como los bebés, que deben soportar los efectos del desamparo entre el primer y el segundo año de vida. Cuando las últimas investigaciones científicas revelan, como se apuntaba antes, que los adultos sumidos en el desamor cuentan con las mismas defensas que los bebés víctimas del desamparo, es decir, ninguna, no vale cuestionarlo con el argumento de que los adultos, por lo menos, pueden recurrir a la interacción con los demás, lo cual no está al alcance de los bebés. Pero, en realidad, los adultos enamorados tampoco cuentan con esas interrelaciones, ya que, como es bien sabido, la inhibición y la desconexión emocional desencadenadas por la pasión les impide ver otra cosa que no sea su bien amado, ni siquiera a ellos mismos en otra condición anímica.

A los lectores que todavía estén convencidos de que el instinto maternal es una de las construcciones cerebrales más nobles y elaboradas de los humanos, no debería conmover sus convicciones descubrir que la especie más monógama de los mamíferos -el ratón o topillo de las praderas-, cuando se le inhibe la producción de oxitocina por medios farmacológicos, se aparea con el primero que encuentra. Sin oxitocina no hay vínculos afectivos firmes ni comportamientos maternales. La leche no fluiría en los pechos ni se producirían las contracciones necesarias en el parto o en el orgasmo. Cuando se administran neutralizantes de esa hormona a ovejas y ratas —espero que ninguno de mis amigos científicos haya efectuado la misma prueba en humanos— no se ocupan para nada de las crías. Es más, si se inyecta la hormona en la médula de ovejas vírgenes se comportan de forma maternal con crías desconocidas.

Tras esta cura de humildad resultará más fácil admitir cosas como las siguientes:

Cuando se priva de esas relaciones afectivas, dimanantes de vínculos maternos, a los niños antes de que cumplan los tres años —cuando empiezan a desarrollar una parte del cerebro a la que me referiré a continuación—, se genera un agujero negro que impide recuperar las habilidades sociales para el resto de la vida.

Tampoco sorprenderá que, al reflexionar sobre el desamparo provocado por amores truncados, me olvide de los adultos hasta llegar al final de este capítulo y profundice antes en las reacciones de los niños abandonados a su suerte, aunque sólo sea durante un rato por la noche. Las causas y las consecuencias de esos tristes procesos son idénticas y, además, da la casualidad de que sobre el comportamiento adulto no sabemos casi nada, y sobre los niños, casi todo.

Si se quiere profundizar en la miseria moral, en el sufrimiento inaudito, en el desconcierto individual y colectivo del desamor o los amores no correspondidos; si no tenemos más remedio que constatar —en espera de tiempos más cuerdos— las carencias insondables de la sociedad frente a los desvaríos mentales de los adultos; si queremos aprovechar los primeros consensos de los estudiosos de la infancia, de aquellos psicólogos, logopedas, psicoterapeutas y neurólogos —verdaderos héroes anónimos del cerebro donde se cobija el alma—; si las causas y efectos de la ansiedad de la separación en las edades más tiernas son las mismas que las del desamor en la pubertad y la mayoría de edad, ¿por qué no centrarse, entonces, en las primeras para iluminar las segundas?

¬Eduardo Punset

Libro: El Viaje al Amor

Photo by Annie Spratt

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SER QUIEN ERES | Franz Kafka

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SER SABIO ES… | William James

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PARECE IMPOSIBLE | Nelson Mandela

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SIGUE TUS SUEÑOS | Christian Friedrich Hebbel

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