LA CLAVE DEL DESAMOR ESTÁ EN LA INFANCIA | Eduardo Punset

Es muy sorprendente que pocos o ningún sistema educativo intente destilar en las mentes de los futuros enamorados —todos los alumnos van a pasar, tarde o temprano, por ese trance— un mínimo conocimiento sobre las características de las hormonas vinculadas al amor.

¿Quiero decir con esto que bastaría con ser consciente de las bases genéticas y hormonales del desamor para evitar sus estragos?

Las emociones fluyen más deprisa que los pensamientos, y estamos muy lejos de poder controlar los dos canales de comunicación entre la amígdala y el hipotálamo cuando confluyen, no siempre en la misma dirección, pero es evidente que haber reflexionado en otros momentos sobre la semejanza entre la ansiedad de la separación en los niños y el desamor en los adultos podría aliviar el trauma del desengaño amoroso.

Ese fue el gran descubrimiento del científico inglés John Bowlby (1907-1990), que detalló la estructura y la forma de la seguridad generada por el apego infantil.

El rechazo de la pareja o el desamor evocan los primitivos y poderosos sentimientos infantiles azuzados por el alejamiento de los seres queridos. Bowlby comprobó que los humanos están dotados con circuitos neurales de apego seleccionados por las presiones evolutivas. Nacemos provistos de mecanismos programados para formar fuertes vínculos afectivos. Cuando estos vínculos se rompen, suena la señal de alarma del miedo atávico a la muerte por abandono. Esa emoción despierta cada vez que una espada nos separa definitivamente de un ser amado, y no hay vuelta atrás.

Lo que sugiere la ciencia moderna no es, simplemente, que el desamor desentierra los miedos que de niño empapaban la ansiedad de la separación de la madre y, ahora más a menudo que antes, también del padre, sino que, paradójicamente, cuando somos adultos no disponemos de más herramientas para hacer frente al desamor que las que teníamos de niños para combatir la ansiedad de la separación. Porque los mecanismos y las hormonas que fluyen por ellos son los mismos.

Las doce personas de cada cien que contraen una depresión entre moderada y grave al separarse recurren a los mismos mecanismos y flujos. De cada cien mujeres asesinadas, casi la mitad muere a manos de su marido, ex marido, novio y ex novio en cuyos cerebros se activaron idénticos mecanismos y hormonas. Se trata de las mismas descargas y circuitos cerebrales responsables de que nada menos que un 35 % de los niños se sientan inseguros.

Los grandes ausentes de esta lúgubre película no son tanto los niños como los bebés, que deben soportar los efectos del desamparo entre el primer y el segundo año de vida. Cuando las últimas investigaciones científicas revelan, como se apuntaba antes, que los adultos sumidos en el desamor cuentan con las mismas defensas que los bebés víctimas del desamparo, es decir, ninguna, no vale cuestionarlo con el argumento de que los adultos, por lo menos, pueden recurrir a la interacción con los demás, lo cual no está al alcance de los bebés. Pero, en realidad, los adultos enamorados tampoco cuentan con esas interrelaciones, ya que, como es bien sabido, la inhibición y la desconexión emocional desencadenadas por la pasión les impide ver otra cosa que no sea su bien amado, ni siquiera a ellos mismos en otra condición anímica.

A los lectores que todavía estén convencidos de que el instinto maternal es una de las construcciones cerebrales más nobles y elaboradas de los humanos, no debería conmover sus convicciones descubrir que la especie más monógama de los mamíferos -el ratón o topillo de las praderas-, cuando se le inhibe la producción de oxitocina por medios farmacológicos, se aparea con el primero que encuentra. Sin oxitocina no hay vínculos afectivos firmes ni comportamientos maternales. La leche no fluiría en los pechos ni se producirían las contracciones necesarias en el parto o en el orgasmo. Cuando se administran neutralizantes de esa hormona a ovejas y ratas —espero que ninguno de mis amigos científicos haya efectuado la misma prueba en humanos— no se ocupan para nada de las crías. Es más, si se inyecta la hormona en la médula de ovejas vírgenes se comportan de forma maternal con crías desconocidas.

Tras esta cura de humildad resultará más fácil admitir cosas como las siguientes:

Cuando se priva de esas relaciones afectivas, dimanantes de vínculos maternos, a los niños antes de que cumplan los tres años —cuando empiezan a desarrollar una parte del cerebro a la que me referiré a continuación—, se genera un agujero negro que impide recuperar las habilidades sociales para el resto de la vida.

Tampoco sorprenderá que, al reflexionar sobre el desamparo provocado por amores truncados, me olvide de los adultos hasta llegar al final de este capítulo y profundice antes en las reacciones de los niños abandonados a su suerte, aunque sólo sea durante un rato por la noche. Las causas y las consecuencias de esos tristes procesos son idénticas y, además, da la casualidad de que sobre el comportamiento adulto no sabemos casi nada, y sobre los niños, casi todo.

Si se quiere profundizar en la miseria moral, en el sufrimiento inaudito, en el desconcierto individual y colectivo del desamor o los amores no correspondidos; si no tenemos más remedio que constatar —en espera de tiempos más cuerdos— las carencias insondables de la sociedad frente a los desvaríos mentales de los adultos; si queremos aprovechar los primeros consensos de los estudiosos de la infancia, de aquellos psicólogos, logopedas, psicoterapeutas y neurólogos —verdaderos héroes anónimos del cerebro donde se cobija el alma—; si las causas y efectos de la ansiedad de la separación en las edades más tiernas son las mismas que las del desamor en la pubertad y la mayoría de edad, ¿por qué no centrarse, entonces, en las primeras para iluminar las segundas?

¬Eduardo Punset

Libro: El Viaje al Amor

Photo by Annie Spratt

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AMAR | Xavier Villaurrutia

Amar es una angustia, una pregunta,

una suspensa y luminosa duda;

es un querer saber todo lo tuyo

y a la vez un temor de al fin saberlo.

*

Amar es reconstruir, cuando te alejas,

tus pasos, tus silencios, tus palabras,

y pretender seguir tu pensamiento

cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

*

Amar es una cólera secreta,

una helada y diabólica soberbia.

*

Amar es no dormir cuando en mi lecho

sueñas entre mis brazos que te ciñen,

y odiar el sueño en que, bajo tu frente,

acaso en otros brazos te abandonas.

*

Amar es escuchar sobre tu pecho,

hasta colmar la oreja codiciosa,

el rumor de tu sangre y la marea

de tu respiración acompasada.

*

Amar es absorber tu joven savia

y juntar nuestras bocas en un cauce

hasta que de la brisa de tu aliento

se impregnen para siempre mis entrañas.

*

Amar es una envidia verde y muda,

una sutil y lúcida avaricia.

*

Amar es provocar el dulce instante

en que tu piel busca mi piel despierta;

saciar a un tiempo la avidez nocturna

y morir otra vez la misma muerte

provisional, desgarradora, oscura.

*

Amar es una sed, la de la llaga

que arde sin consumirse ni cerrarse,

y el hambre de una boca atormentada

que pide más y más y no se sacia.

*

Amar es una insólita lujuria

y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,

dejar que el sueño invada nuestro cuerpo

como un río de olvido y de tinieblas,

y navegar sin rumbo, a la deriva:

porque amar es, al fin, una indolencia.

¬Xavier Villarurutia

Photo by James Resly /Unsplash

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LA MUJER | Osho

Si no eres capaz de respetar a las mujeres, no podrás respetar a nadie, porque procedes de una mujer.

La mujer te ha gestado durante nueve meses, luego te ha dado todos los cuidados, te ha amado durante años.

Y luego nuevamente… no puedes vivir sin una mujer.

Ella es tu consuelo, tu calor.

La vida es muy fría; la mujer se convierte en tu calor.

La vida carece de inspiración; la mujer se convierte en tu inspiración.

La vida es muy aritmética; la mujer se convierte en tu poesía.

Ella le da gracia a tu vida.

Ella te cuida.

Ella te ama, ella sigue amándote, tremendamente, totalmente.

¬Osho

Photo by Mel Elias /Unsplash

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A LA PUERTA DEL TEMPLO | Kahlil Gibran

Para hablar del Amor purifiqué mis labios con el fuego sagrado, pero no pude encontrar palabras adecuadas.

Cuando conocí el amor, las palabras se diluyeron en un lánguido jadeo y el canto de mi corazón en un profundo silencio.

¡Oh vosotros que me habéis preguntado acerca del Amor, vosotros, a los que persuadí de sus misterios y maravillas, ahora, desde que el Amor me envolvió con su velo, tengo que preguntaros sobre el rumbo del Amor y su mérito.

¿Quién puede responder a mis preguntas?

Pregunto sobre lo que hay en mi interior: quiero enterarme por mí mismo.

¿Quién de vosotros puede revelarme a mí mismo mi yo más profundo, mi alma a mi alma?

Decidme, por el amor de Dios…

¿Qué es la llama que arde en mi corazón devorando mis fuerzas y anulando mi voluntad.

¿Qué son esas suaves y ásperas manos escondidas que aprietan mi alma; qué es ese vino que, mezcla de felicidad y dulce pena, baña mi corazón?

¿Qué son esas alas que rondan mi almohada en el silencio de la noche, manteniéndome despierto mirando nadie sabe a qué?

¿Qué es ese algo invisible en el que clavo la mirada, qué ese algo incomprensible que rumio, qué el sentimiento que no puede ser percibido?

En mis visiones hay un sentimiento más hermoso que el eco de la risa y más arrobador que la felicidad.

¿Por qué me rindo a un poder desconocido que me mata y me vuelve a la vida hasta que apunta la aurora y llena mi habitación con su luz?

Los fantasmas de la vigilia tiemblan entre mis párpados secos y las sombras de los sueños rondan mi duro lecho.

¿Qué es lo que llamamos Amor?

Decidme…

¿Qué es ese secreto escondido en el tiempo que afecta todos los sentidos?

¿Qué es ese sentido que aparece a la vez como origen y resultado de todo?

¿Qué es esta vigilia que de la vida y la muerte hace un sueño más extraño que la vida y más grave que la muerte?

Decidme, amigos…

¿Alguno de vosotros no despertaría del sueño de la Vida si el Amor tocara su alma con la punta de su dedo?

¿Quién de vosotros no abandonaría padre y madre al llamado de la doncella amada de su corazón?

¿Quién de vosotros no navegaría mares distantes, cruzaría desiertos y treparía el pico más alto para encontrarse con la mujer que su alma eligió?

¿Qué alma juvenil no seguiría hasta el fin del mundo a la doncella que con su hálito aromático, su dulce voz y manos mágicamente suaves enajenó su alma?

¿Qué ser no quemaría su corazón como incienso ante un dios que escucha sus súplicas y accede a sus plegarias?

Ayer me detuve a la puerta del templo e interrogué a quienes pasaban sobre el misterio y el mérito del Amor.

Y por delante de mí pasó un anciano de rostro delgado y melancólico que suspiró y dijo: El amor es una debilidad natural que nos legó el primer hombre.

Pero un joven viril replicó: El amor une nuestro presente con el pasado y el futuro.

Entonces una mujer de cara trágica agregó: El amor es un veneno mortífero que inyectan víboras negras que se arrastran desde las cuevas del infierno. El veneno parece fresco como el rocío y el alma sedienta lo bebe anhelante; después de una pasajera embriaguez, el bebedor enferma y muere una muerte lenta.

Luego, una jovencita de mejillas rosadas dijo sonriendo: El amor es el vino que sirven las novias del amanecer: fortifica las almas fuertes y les permite ascender a las estrellas.

Después de ella, un hombre vestido de negro y con barba, frunciendo el ceño arguyó: El amor es la ciega ignorancia con la que comienza y termina la juventud.

Otro, sonriendo, declaró: El amor es un conocimiento divino que permite que el hombre vea tanto como los dioses.

Tanteando el camino con su bastón, un ciego dijo entonces: El amor es una niebla enceguecedora que impide que el alma perciba el secreto de la existencia, de modo que el corazón sólo ve fantasmas temblorosos de deseo entre los cerros y sólo oye ecos de gritos en los valles mudos.

Un joven, tocando su viola, cantó: El amor es un rayo mágico que emite el núcleo ardiente del alma y que ilumina la tierra circundante. Hace que percibamos la vida como un hermoso sueño entre un despertar y otro.

Y un anciano enfermizo, que arrastraba sus pies como andrajos, dijo temblorosamente: El amor es el descanso del cuerpo en el silencio de la tumba, la tranquilidad del alma en el abismo de la Eternidad.

Después dé él, un niño de cinco años afirmó riendo: El amor es mi papá y mi mamá y nadie conoce el amor más que mi papá y mi mamá.

Y así cada uno de los que pasó dio del Amor la imagen de sus esperanzas y frustraciones, dejándolo en el misterio como antes.

Entonces oí una voz en el interior del templo: La vida está dividida en dos mitades, una helada, la otra ardiente; la mitad ardiente es el Amor.

Luego entré al templo, me arrodillé y alegrándome, recé:

Haz de mí, oh Dios, comida

Para la llama inflamada…

Haz de mí, oh Señor, alimento

Para el fuego sagrado…

Amén.

¬Kahlil Gibran

Photo by Varshesh Joshi

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TÚ ERES YO Y YO SOY TÚ | Thich Nhat Hanh

SE1313-190226 Tu eres yo y yo soy tu Thich Nhat Hanh PhNathanAnderson

Tú eres yo y yo soy tú

¿No es evidente que inter-somos?

 

Tú eres yo y yo soy tú….
Tú cultivas la flor que hay en ti,
para que yo Sigue leyendo

EL PODER DEL AMOR | Emmet Fox

SE1312-190219 El poder del amor Emmet Fox PhHumphreyMuleba

No hay mal que no se pueda curar con suficiente amor.

Ninguna puerta que no se abra con suficiente amor.

Ningún Golfo que no pueda ser atravesado con suficiente amor.

No hay muro que suficiente amor no pueda derribar, ni pecado que suficiente amor no pueda redimir.

No hay diferencia en cuán profundamente asentada pueda estar la dificultad, qué tan desesperada sea la perspectiva o cuán embrollada parezca la confusión.

Tampoco importa cuán grande sea el error. Una suficiente realización de amor lo disolverá todo.

 

Y si pudieras amar lo suficiente,

serías la persona más feliz

y más poderosa del mundo.

 

¬Emmet Fox

Photo by Humphrey Muleba /Unsplash

 

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MAGIA  | Clarita Alessandria

SE1209-181120 Magia PhAlmosBechtold

Nuestro día a día esconde una magia: ¿dónde se oculta?

Ya desde chicos hacen esfuerzos por contarnos de qué se trata. La magia que hacen los magos en los circos, la magia que hacen en las películas y en los dibujitos… Magia que juega con nuestra ilusión, magia como algo increíble, extraordinario, fuera de lo común, desconocida de la lógica. Pero, en realidad, la magia no es nada de todo eso. No Sigue leyendo

EL AMOR | Jiddu Krishnamurti

Blog 204 El amor Jiddu Krishnamurti

 

Cuando le preguntaron a Jiddu Krishnamurti:

 

¿Qué entiende usted por amor?

 

Él respondió:

Vamos a descubrir comprendiendo lo que el amor no es; porque, como el amor es lo desconocido, a él tenernos que allegarnos Sigue leyendo