AUTENTICIDAD | Friedrich Nietzsche

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¡ESTOY HARTA DE LLORAR! | Clarissa Pinkola Estés

Hay veces en la vida de una mujer en que ésta llora sin cesar y, aunque cuente con la ayuda y el apoyo de sus seres queridos, no puede dejar de llorar.

Hay algo en sus lágrimas que mantiene al depredador a raya y aparta el malsano deseo o la ventaja que podría provocar su ruina.

Las lágrimas sirven para remendar los desgarros de la psique, por los que se ha ido escapando la energía. La situación es muy grave, pero lo peor no llega a producirse —no nos roban la luz— porque las lágrimas nos otorgan la conciencia. No hay posibilidad de que nos quedemos dormidas cuando lloramos. Y el sueño que se produce es tan sólo para el descanso del cuerpo físico.

A veces una mujer dice:

«Estoy harta de llorar, estoy hasta la coronilla, quiero detenerme»

Pero es su Alma la que derrama lágrimas y éstas son su protección. Por consiguiente, tiene que seguirlo haciendo hasta que termina su necesidad.

Algunas mujeres se asombran de la cantidad de agua que puede producir su cuerpo cuando lloran.

Eso no dura eternamente

sólo hasta que el Alma

termina de expresarse de esta sabia manera.

¬Clarissa Pinkola Estés

Libro: Mujeres que corren con los lobos

Fragmento

Photo by Rene Asmussen /Pexels

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HAZ TU OBRA | Ralph Waldo Emerson

Lo que tengo que hacer es lo que me concierne, no lo que la gente cree.

Esta regla, tan difícil en la vida práctica como en la intelectual, puede servir para establecer una distinción completa entre la grandeza y la mediocridad.

Es muy difícil de seguir, porque siempre hallaras personas que creen saber cuál es tu deber mejor que tú mismo.

Es fácil vivir en el mundo según la opinión del mundo.

Es fácil en soledad vivir según la propia opinión.

Pero el hombre grande es aquel que en medio de muchedumbre conserva con perfecta dulzura la independencia de la soledad.

La razón por la que no debemos conformarnos con usos que están muertos para nosotros, es que disipan nuestras fuerzas. Nos hacen perder el tiempo y borran el sello de nuestro carácter.

Si sostienes una iglesia sin vida; si contribuyes a mantener una sociedad bíblica muerta; si votas con un gran partido, ya sea en pro o en contra del gobierno; si pones tu mesa como un hospedero vulgar, me será difícil percibir claramente, a través de todas esas pantallas, qué clase de hombre eres.

Y naturalmente, ello equivale a otra tanta fuerza sustraída a tu propia vida.

Pero haz tu obra y te conoceré.

Haz tu obra y te fortalecerás.

¬Ralph Waldo Emerson

Photo by Dozenmode /Pixabay

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FE EN SÍ MISMO | Miguel De Unamuno

#Fe #AutoDependencia #MiguelDeUnamuno #Unamuno

#SaludEmocional #Salud #Emocional #Emociones #Claves para #SerYSentirteMejor #Frase #19033

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LA BELLEZA DE LA CULPA | Jeff Foster

Cuando dices que «no»,

Cuando estableces tus límites,

Tal vez te sientas culpable.

Genial, ¡siente la culpa!

Y di «no» de todos modos,

Establece tus límites de todos modos,

Di tu más profunda verdad de todas formas.

Sentirse culpable no es malo,

Cuando infundes esta experiencia con curiosa consciencia,

Abraza «al que se siente culpable» en tus brazos,

Proporciónale espacio,

Respira en la incomodidad,

Deja que se sienta «mal» por un rato.

Y de todas formas di tu verdad,

De todas formas di «no»,

Establece tus límites de todos modos.

A veces dices que «si» para evitar el dolor de la culpa, ¿no es así?

Ignoras tus propios límites para evitar el dolor,

Pero el dolor es sostenible,

Puedes sobrevivir a él.

La culpa a veces surgirá como una ola,

Y se aquietará, para volver a surgir tal vez,

Y finalmente pasará.

Pero te mantendrás fiel a ti mismo,

En tu camino,

En tu integridad.

La culpa como una dulce compañía,

La culpa como un frágil niño que necesita tu amor,

La culpa como una aliada en el camino.

Ya no te dejas controlar por la culpa,

Cuando estás dispuesto a sentirla.

¬Jeff Foster

Photo by Nastya Gepp /Pixabay

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SER ALGUIEN ESPECIAL | Anthony De Mello

He aquí un error que la mayoría de las personas cometen en sus relaciones con los demás: tratar de construirse un nido estable en el flujo constantemente móvil de la vida.

Piensa en alguien cuyo amor desees.

¿Quieres ser alguien importante para esa persona y significar algo especial en su vida?

¿Quieres que esa persona te ame y se preocupe por ti de una manera especial?

Si es así, abre tus ojos y comprueba que estás cometiendo la necedad de invitar a otros a reservarte para sí mismos, a limitar tu libertad en su propio provecho, a controlar tu conducta, tu crecimiento y tu desarrollo de forma que éstos se acomoden a sus propios intereses.

Es como si la otra persona te dijera: «Si quieres ser alguien especial para mí, debes aceptar mis condiciones, porque, en el momento en que dejes de responder a mis expectativas, dejarás de ser especial».

¿Quieres ser alguien especial para otra persona?

Entonces has de pagar un precio en forma de pérdida de libertad. Deberás danzar al son de esa otra persona, del mismo modo que exiges que los demás dancen a tu propio son si desean ser para ti algo especial. Párate por un momento a preguntarte si merece la pena pagar tanto por tan poco.

Imagina que a esa persona, cuyo especial amor deseas, le dices: «Déjame ser yo mismo, tener mis propios pensamientos, satisfacer mis propios gustos, seguir mis propias inclinaciones, comportarme tal como yo decida que quiero hacerlo.»

En el momento en que digas estas palabras, comprenderás que estás pidiendo lo imposible.

Pretender ser especial para alguien significa, fundamentalmente, someterse a la obligación de hacerse grato a esa persona y, consiguientemente, perder la propia libertad.

Tómate el tiempo que necesites para comprenderlo…

Tal vez ahora estés ya en condiciones de decir: «Prefiero mi libertad antes que tu amor”.

Si tuvieras que escoger entre tener compañía en la cárcel o andar libremente por el mundo en soledad, ¿qué escogerías?

Dile ahora a esa persona: «Te dejo que seas tú misma, tener tus propios pensamientos, satisfacer tus propios gustos, seguir tus propias inclinaciones, comportarte tal como decidas que quieres hacerlo. »

En el momento en que digas esto, observarás una de estas dos cosas: o bien tu corazón se resistirá a pronunciar esas palabras y te revelarás como la persona posesiva y explotadora que eres (con lo que será hora de que examines tu falsa creencia de que no puedes vivir o no puedes ser feliz sin esa otra persona), o bien, tu corazón pronunciará dichas palabras sinceramente, y en ese mismo instante se esfumará todo tipo de control, de manipulación de explotación, de posesividad, de envidia.

«Te dejo que seas tú mismo: que tengas tus propios pensamientos, que satisfagas tus propios gustos, que sigas tus propias inclinaciones, que te comportes tal como decidas que quieres hacerlo.»

Y observarás también algo más: que la otra persona deja automáticamente de ser algo especial e importante para ti, pasando a ser importante del mismo modo en que una puesta de sol o una sinfonía son hermosas en sí mismas, del mismo modo en que un árbol es algo especial en sí mismo y no por los frutos o la sombra que pueda ofrecerte.

Compruébalo diciendo de nuevo: «Te dejo que seas tú mismo».

Al decir estas palabras te has liberado a ti mismo. Ahora ya estás en condiciones de amar. Porque, cuando te aferras a alguien desesperadamente, lo que le ofreces a la otra persona no es amor, sino una cadena con la que ambos, tú y la persona amada, quedáis estrechamente atados. El amor sólo puede existir en libertad.

El verdadero amante busca el bien de la persona amada, lo cual requiere especialmente la liberación de ésta con respecto a aquél.

¬Anthony De Mello

Una llamada al Amor

Photo by Kristopher Roller /Unsplash

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LA INDEFENSIÓN APRENDIDA | Patricia Anaya

¿Alguna vez ha pasado por tu mente

que lo que ocurre en tu vida es inmodificable?

¿Has experimentado la sensación

de que hagas lo que hagas nada va a cambiar lo que vives?

¿Has vivido reiterados eventos adversos o dolorosos

en los cuales has sentido que no podías o puedes salir bien librada/o?

Si tu respuesta es “sí” entonces has experimentado un estado psicológico que se conoce como “indefensión aprendida”.

En la década de los 70’s el psicólogo estadounidense Martin Seligman estudió los efectos conductuales que producían en perros una serie de descargas eléctricas.

Después de varios intentos de huida, el animal se percataba de que hiciera lo que hiciera obtenía el mismo resultado nulo o negativo para poder escapar y evitar el dolor. Es decir, aprendió a sentirse indefenso ante la situación adversa que vivía; y ante después de varios intentos no se esforzó más por ejecutar acciones de lucha ni de huida, aun cuando la jaula hubiese quedado abierta.

Con estudios posteriores, Martin Seligman y otros investigadores comprobaron que los cambios neuroquímicos y el patrón de conducta que presentaron los perros de este estudio eran similares a los que se presentan en el humano en estados depresivos.

En concreto ¿qué es la indefensión aprendida?

Es un estado psicológico por el cual un humano (o un animal) se paraliza, se bloquea o se muestra pasivo ante situaciones adversas, desagradables, destructivas o dolorosas que vive; porque tiene la sensación subjetiva de ser incapaz de modificarlas, ya que se ha esforzado por lograrlo varias veces o en diversos momentos, y no ha tenido el éxito esperado.

Como resultado de esta historia de frecuentes intentos fallidos, de fracasos en el manejo de las condiciones de su vida, la persona instaura en su mente la creencia de que el entorno es inmodificable; que ella no tiene poder alguno, que es irremediablemente vulnerable a lo que vive, y que todo lo que ocurre en la vida forma parte de un destino inmutable.

Asume que sus palabras y acciones son inútiles porque no van a lograr influir en nada en las circunstancias que está experimentando; y, entonces, deja de expresar sus necesidades o sus deseos; no ejecuta acciones para hacer valer sus derechos cuando es preciso; e incluso, opta por no hacer nada para modificar, evitar o abandonar dichas circunstancias.

Todo lo anterior está, además, teñido y acrecentado por pensamientos recurrentes en los que predomina el pesimismo y la impotencia, del tipo: “no cuento con los recursos para enfrentarme”, o bien, “no tiene ningún caso que actúe, si de todas maneras lo que se haga no es suficiente” “de nada sirve lo que hago”.

Cuando se anima a llevar a cabo una acción, adopta una posición de víctima y no asume las consecuencias de sus actos. Y ante la menor dificultad “tira la toalla” y justifica sus fracasos como algo que proviene del exterior.

El sentimiento de indefensión, la sensación de desamparo e impotencia, y la pasividad adyacente, bloquean, a su vez, la posibilidad de aprender aptitudes y actitudes nuevas, simples o complejas, que le serían útiles para realizar modificaciones en su ambiente.

Y, aunque posteriormente las circunstancias del entorno cambiasen, la persona continuará creyendo que se debió a un factor externo fortuito, y no a algo que ella generó.

El estado psicológico de indefensión surge indistintamente en mujeres, hombres, niños, ancianos; de todas las edades, y de cualquier nacionalidad y credo.

El disparador del sentimiento de indefensión puede ser cualquier situación cotidiana o extraordinaria, que se percibe como amenazante y que se presenta de manera reiterada; por ejemplo: tener un empleo en donde no hay buenas condiciones laborales; estar en periodo de exámenes académicos; eventos que implican competencia sea en el medio empresarial, artístico o deportivo, por ejemplo.

También es muy frecuente la presencia la condición de indefensión aprendida en casos de acoso escolar (bullying) laboral (mobbing) o de violencia de género, entre otros.

Es muy importante comprender que las situaciones complejas, adversas, desagradables o dolorosas por sí mismas no son una razón única o suficiente para desencadenar el estado psicológico de indefensión, o en su caso, un estado depresivo. Entre otros múltiples factores, influye de manera notable la forma en que una persona ha aprendido a percibir e interpretar los eventos de su vida, y sus estrategias de acción: huida, lucha o afrontamiento.

La persona que presenta el estado psicológico de indefensión aprendida usualmente —no siempre—, se encuentra a su vez en un estado depresivo, aunque no necesariamente en una depresión clínicamente diagnosticada.

De cualquier manera, poner atención al sentimiento de indefensión aprendida cobra especial relevancia porque puede ocasionar que la persona que lo presenta llegue a un nivel extremo de desvalorización, frustración, impotencia, apatía, desesperanza, etc., que lo impulse a tomar decisiones extremas que impacten su salud, su integridad o su vida misma.

Si te encuentras en un estado psicológico de indefensión aprendida puedes salir de él si aplicas algunas de las estrategias que te presento a continuación.

Pero antes, te animo a dar click AQUÍ para leer el Cuento: El Elefante Encadenado, escrito por Jorge Bucay, que ilustra claramente lo que implica improntar la indefensión en la vida.

¡Ahora sí! ¿Cómo puedo erradicar de mi vida el sentimiento de indefensión?

El estado psicológico de indefensión es APRENDIDO; por lo tanto, puede ser DESAPRENDIDO.

El proceso para desaprender la indefensión puede ser complejo o sencillo, según la infinidad de variables dinámicas que hay en tu vida en particular, es decir: tu edad, educación, idiosincrasia, cultura, grupos a los que perteneces, voluntad y disposición de acción, etc.

Una manera sencilla y funcional consiste en lo siguiente:

  • Genera las condiciones materiales y mentales necesarias para escuchar tu diálogo interno y detectar cuáles son las creencias limitantes que te llevan al estado de indefensión y a mostrar pasividad frente a las situaciones adversas, conflictivas o dolorosas.

  • Date la oportunidad de observar de frente los miedos que están implicados en tu estado de indefensión, y que te sitúan en un estado de alerta que te paraliza o que bloquea la posibilidad de actuar frente a lo que vives como amenazante.

  • Haz una lista de tus capacidades, aptitudes, talentos y habilidades que constituyen tus fortalezas.

  • Haz otra lista de los comportamientos alternativos o habilidades nuevas que puedes adquirir para enfrentarte de manera más constructiva a lo que vives.

  • Al elaborar con honestidad y detenimiento ambas listas empezarás ya a sentir que tu autoestima puede reconstruirse y puedes volver a encontrar un sentido positivo, agradable y constructivo a lo que piensas, sientes, dices y haces.

  • Paulatinamente y con valentía, haz uso de tus fortalezas y de las nuevas habilidades en tu día a día, para que empieces a darte cuenta de que sí eres capaz de enfrentar asertivamente la vida, y que, cuando la condición externa no es modificable, sí eres capaz de asumir una actitud proactiva, y positiva frente a ellas, en vez de usar tu antiguo modo de reaccionar, con los sentimientos derivados de ésta: frustración, fracaso, inacción, desmotivación, pasividad… en suma: indefensión.

  • Para que la indefensión sea erradicada por completo, es importante que tus expectativas sobre el resultado sean positivas, esto es: que en ti exista la plena certeza de que es tú elección la actitud que tengas frente a las situaciones complicadas a las que te enfrentes, y que puedes dar tu máximo para favorecer modificarlas.

Erradicar el sentimiento de indefensión aprendida no es un acto único, es un proceso de varios pasos, a veces no sencillos, pero con disposición y constancia puedes lograr una vez más ver de frente la vida, disfrutarla, aprender de las lecciones que te presenta, y no permitirte nunca más volver a improntar en tu corazón y en tu mente este sentimiento de indefensión.

¬Patricia Anaya

Photo by Warren Wong /Unsplash

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PAUSA  | Mario Benedetti

SE1315-190312 Pausa Maria Benedetti PhPixabay

De vez en cuando hay que hacer

una pausa

contemplarse a sí mismo

sin la fruición cotidiana

examinar el pasado

rubro por rubro Sigue leyendo

COSAS BAJO NUESTRO CONTROL | Epicteto

se1309-190129 cosas bajo nuestro control epicteto phkingacichewiczHay cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están.

Bajo nuestro control se hallan las opiniones, las preferencias, los deseos, las aversiones y, en una palabra, todo lo que es inherente a nuestras acciones.

Fuera de nuestro control está el cuerpo, las riquezas, la reputación, las autoridades y, en una palabra, todo lo que no es inherente a nuestras acciones.

Lo que controlamos es libre por naturaleza y no puede ser impedido ni impuesto a ningún hombre; pero lo que no controlamos es débil, servil, limitado, y sujeto a un poder ajeno. Recuerda, pues, que te perjudicarás si consideras libre y tuyo lo que por naturaleza es servil y ajeno.

Te lamentarás, te confundirás, y terminarás culpando a los dioses y a los hombres de tu desgracia. Por el contrario, nadie podrá impedirte ni imponerte algo si consideras tuyo sólo lo que en verdad te pertenece y ajeno lo que en efecto es de otros. De esa forma, no criticarás a nadie ni acusarás a nadie; no harás nada en contra de tu voluntad, no tendrás enemigos y no sufrirás ningún perjuicio.

Si deseas los bienes realmente grandes, recuerda que no debes permitirte el deseo —ni siquiera leve— de alcanzar cosas de menor importancia. Por el contrario, deberás renunciar por completo a ciertas cosas y posponer otras por el momento. Porque, si quieres poseer tanto los bienes grandes como los intrascendentes, tales como el poder y la riqueza, no obtendrás éstos últimos y perderás los primeros también; fracasarás absolutamente en obtener los verdaderos medios indispensables para lograr la felicidad y la libertad.

Por lo tanto, haz el esfuerzo de poder decir ante cada adversidad: «No eres más que apariencia; no eres en absoluto lo que pareces ser». Y luego examina esa adversidad con las reglas que tienes para ello; principalmente por la que te permite establecer si concierne las cosas que están bajo tu control o si concierne aquellas que no lo están; y, si tiene que ver con algo que no depende de ti, prepárate para decir que no te importa.

 

¬Epicteto

Libro: Enquiridión
Photo by Kinga Cichewicz

 

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NO CAMBIES | Anthony De Mello

SE1208-181113 No cambies Anthony De Mello PhAyoOgunseinde

Durante años fui un neurótico. Era un ser angustiado deprimido y egoísta. Todo el mundo insistía en decirme que cambiara. No dejaban de recordarme lo neurótico que yo era. Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y
deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que estaba. También insistía en la necesidad de que yo cambiara. También estaba de acuerdo y no podía sentirme. Me sentía tan impotente y como atrapado.

Pero un día mi mejor amigo me dijo:

No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no me importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte”.

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música:

No cambies. No cambies. No cambies…. Te quiero…

Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡oh maravilla! cambié.

Ahora sé que en realidad no podía cambiar hasta encontrar a alguien que me quisiera, prescindiendo de si cambiaba o dejaba de cambiar.

¬Anthony De Mello

Photo by Ayo Ogunseinde /Unsplash

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