LA BELLEZA DE LA CULPA | Jeff Foster

Cuando dices que «no»,

Cuando estableces tus límites,

Tal vez te sientas culpable.

Genial, ¡siente la culpa!

Y di «no» de todos modos,

Establece tus límites de todos modos,

Di tu más profunda verdad de todas formas.

Sentirse culpable no es malo,

Cuando infundes esta experiencia con curiosa consciencia,

Abraza «al que se siente culpable» en tus brazos,

Proporciónale espacio,

Respira en la incomodidad,

Deja que se sienta «mal» por un rato.

Y de todas formas di tu verdad,

De todas formas di «no»,

Establece tus límites de todos modos.

A veces dices que «si» para evitar el dolor de la culpa, ¿no es así?

Ignoras tus propios límites para evitar el dolor,

Pero el dolor es sostenible,

Puedes sobrevivir a él.

La culpa a veces surgirá como una ola,

Y se aquietará, para volver a surgir tal vez,

Y finalmente pasará.

Pero te mantendrás fiel a ti mismo,

En tu camino,

En tu integridad.

La culpa como una dulce compañía,

La culpa como un frágil niño que necesita tu amor,

La culpa como una aliada en el camino.

Ya no te dejas controlar por la culpa,

Cuando estás dispuesto a sentirla.

¬Jeff Foster

Photo by Nastya Gepp /Pixabay

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SÉ SIEMPRE LO MEJOR | Martin Luther King

Si no puedes ser un pino sobre un monte, sé una hierba,

pero sé la mejor hierba pequeña a la orilla del arroyo.

Si no puedes ser un árbol, sé un arbusto.

Si no puedes ser una autopista, sé un sendero.

Si no puedes ser el sol, sé una estrella.

Sé siempre lo mejor de eso que eres.

Trata de descubrir el proyecto que estás llamado a realizar

y dedícate con pasión a cumplirlo en la vida.

¬Martin Luther King

Photo by Lechon Kirb /Unsplash

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Cuento sufí: EL PICHÓN DE ÁGUILA | Anónimo

Había una vez un campesino que fue al bosque vecino a atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa.

Consiguió cazar un pichón de águila. Al llegar a su casa, lo colocó en el gallinero, junto con las gallinas. Comía mijo y la ración propia de las gallinas, aunque el águila fuera el rey o la reina de todos los pájaros.

Después de cinco años, este hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Mientras paseaban por el jardín, el naturalista le dijo al hombre:

—Este pájaro que está allí no es una gallina. Es un águila.

De hecho —dijo el campesino— es águila, pero yo lo crie como gallina. Ya no es un águila. Se transformó en gallina como las otras, a pesar de tener las alas de casi tres metros de extensión.

No —dijo el naturalista—, ella es y será siempre un águila pues tiene el corazón de águila. Este corazón hará que un día vuele a las alturas.

No, no —insistió el campesino—. La he criado como una gallina y se ha convertido en una gallina, y jamás volará como un águila.

Como no se ponían de acuerdo, el naturalista le propuso hacer una prueba.

El naturalista cogió el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola, le dijo:

Ya que en realidad eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, ¡abre tus alas y vuela!

El águila se posó sobre el brazo extendido del naturalista.

Miraba distraídamente alrededor, vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos y dio un salto hasta llegar junto a ellas.

El campesino comentó:

—Yo le dije: se ha convertido en una simple gallina.

No —insistió el naturalista—. Ella es un águila. Y un águila será siempre un águila, experimentaremos nuevamente mañana.

Al día siguiente, el naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró:

Águila, ya que eres un águila, ¡abre tus alas y vuela!

Pero, cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y de nuevo fue junto a ellas.

El campesino sonrió y volvió a la carga:

—Yo le había dicho: se ha convertido en una simple gallina.

No —insistió firmemente el naturalista—. Ella es un águila, y siempre poseerá un corazón de águila. Vamos a experimentar todavía una última vez; mañana la haré volar.

Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano. Cogieron el águila y la llevaron fuera de la ciudad, lejos de las casas de los hombres y de los gallineros, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de las montañas.

El naturalista levantó el águila al cielo y le ordenó:

Águila, ya que eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!

El águila miró alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturalista la cogió firmemente y la puso en dirección al sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte.

En ese momento, el águila abrió sus potentes alas, graznó con el típico kau, kau de las águilas y se elevó, soberana, sobre sí misma.

Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto, a volar cada vez más alto. Y voló y voló hasta confundirse con el azul del firmamento.

¬Raúl de la Rosa

Compilador de textos de Sabiduría Sufí

Libro: La Danza del Corazón

Photo by Sam Bark /Unsplash

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EL MUNDO | Eduardo Galeano

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso —reveló— un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales.

Hay fuegos grandes y fuegos chicos,

y fuegos de todos los colores.

Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento,

y gente de fuego loco que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman;

pero otros arden la vida con tanta pasión

que no se puede mirarlos sin parpadear,

y quien se acerca se enciende.

¬Eduardo Galeano

Photo by Tim Mossholder

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LA INDEFENSIÓN APRENDIDA | Patricia Anaya

¿Alguna vez ha pasado por tu mente

que lo que ocurre en tu vida es inmodificable?

¿Has experimentado la sensación

de que hagas lo que hagas nada va a cambiar lo que vives?

¿Has vivido reiterados eventos adversos o dolorosos

en los cuales has sentido que no podías o puedes salir bien librada/o?

Si tu respuesta es “sí” entonces has experimentado un estado psicológico que se conoce como “indefensión aprendida”.

En la década de los 70’s el psicólogo estadounidense Martin Seligman estudió los efectos conductuales que producían en perros una serie de descargas eléctricas.

Después de varios intentos de huida, el animal se percataba de que hiciera lo que hiciera obtenía el mismo resultado nulo o negativo para poder escapar y evitar el dolor. Es decir, aprendió a sentirse indefenso ante la situación adversa que vivía; y ante después de varios intentos no se esforzó más por ejecutar acciones de lucha ni de huida, aun cuando la jaula hubiese quedado abierta.

Con estudios posteriores, Martin Seligman y otros investigadores comprobaron que los cambios neuroquímicos y el patrón de conducta que presentaron los perros de este estudio eran similares a los que se presentan en el humano en estados depresivos.

En concreto ¿qué es la indefensión aprendida?

Es un estado psicológico por el cual un humano (o un animal) se paraliza, se bloquea o se muestra pasivo ante situaciones adversas, desagradables, destructivas o dolorosas que vive; porque tiene la sensación subjetiva de ser incapaz de modificarlas, ya que se ha esforzado por lograrlo varias veces o en diversos momentos, y no ha tenido el éxito esperado.

Como resultado de esta historia de frecuentes intentos fallidos, de fracasos en el manejo de las condiciones de su vida, la persona instaura en su mente la creencia de que el entorno es inmodificable; que ella no tiene poder alguno, que es irremediablemente vulnerable a lo que vive, y que todo lo que ocurre en la vida forma parte de un destino inmutable.

Asume que sus palabras y acciones son inútiles porque no van a lograr influir en nada en las circunstancias que está experimentando; y, entonces, deja de expresar sus necesidades o sus deseos; no ejecuta acciones para hacer valer sus derechos cuando es preciso; e incluso, opta por no hacer nada para modificar, evitar o abandonar dichas circunstancias.

Todo lo anterior está, además, teñido y acrecentado por pensamientos recurrentes en los que predomina el pesimismo y la impotencia, del tipo: “no cuento con los recursos para enfrentarme”, o bien, “no tiene ningún caso que actúe, si de todas maneras lo que se haga no es suficiente” “de nada sirve lo que hago”.

Cuando se anima a llevar a cabo una acción, adopta una posición de víctima y no asume las consecuencias de sus actos. Y ante la menor dificultad “tira la toalla” y justifica sus fracasos como algo que proviene del exterior.

El sentimiento de indefensión, la sensación de desamparo e impotencia, y la pasividad adyacente, bloquean, a su vez, la posibilidad de aprender aptitudes y actitudes nuevas, simples o complejas, que le serían útiles para realizar modificaciones en su ambiente.

Y, aunque posteriormente las circunstancias del entorno cambiasen, la persona continuará creyendo que se debió a un factor externo fortuito, y no a algo que ella generó.

El estado psicológico de indefensión surge indistintamente en mujeres, hombres, niños, ancianos; de todas las edades, y de cualquier nacionalidad y credo.

El disparador del sentimiento de indefensión puede ser cualquier situación cotidiana o extraordinaria, que se percibe como amenazante y que se presenta de manera reiterada; por ejemplo: tener un empleo en donde no hay buenas condiciones laborales; estar en periodo de exámenes académicos; eventos que implican competencia sea en el medio empresarial, artístico o deportivo, por ejemplo.

También es muy frecuente la presencia la condición de indefensión aprendida en casos de acoso escolar (bullying) laboral (mobbing) o de violencia de género, entre otros.

Es muy importante comprender que las situaciones complejas, adversas, desagradables o dolorosas por sí mismas no son una razón única o suficiente para desencadenar el estado psicológico de indefensión, o en su caso, un estado depresivo. Entre otros múltiples factores, influye de manera notable la forma en que una persona ha aprendido a percibir e interpretar los eventos de su vida, y sus estrategias de acción: huida, lucha o afrontamiento.

La persona que presenta el estado psicológico de indefensión aprendida usualmente —no siempre—, se encuentra a su vez en un estado depresivo, aunque no necesariamente en una depresión clínicamente diagnosticada.

De cualquier manera, poner atención al sentimiento de indefensión aprendida cobra especial relevancia porque puede ocasionar que la persona que lo presenta llegue a un nivel extremo de desvalorización, frustración, impotencia, apatía, desesperanza, etc., que lo impulse a tomar decisiones extremas que impacten su salud, su integridad o su vida misma.

Si te encuentras en un estado psicológico de indefensión aprendida puedes salir de él si aplicas algunas de las estrategias que te presento a continuación.

Pero antes, te animo a dar click AQUÍ para leer el Cuento: El Elefante Encadenado, escrito por Jorge Bucay, que ilustra claramente lo que implica improntar la indefensión en la vida.

¡Ahora sí! ¿Cómo puedo erradicar de mi vida el sentimiento de indefensión?

El estado psicológico de indefensión es APRENDIDO; por lo tanto, puede ser DESAPRENDIDO.

El proceso para desaprender la indefensión puede ser complejo o sencillo, según la infinidad de variables dinámicas que hay en tu vida en particular, es decir: tu edad, educación, idiosincrasia, cultura, grupos a los que perteneces, voluntad y disposición de acción, etc.

Una manera sencilla y funcional consiste en lo siguiente:

  • Genera las condiciones materiales y mentales necesarias para escuchar tu diálogo interno y detectar cuáles son las creencias limitantes que te llevan al estado de indefensión y a mostrar pasividad frente a las situaciones adversas, conflictivas o dolorosas.

  • Date la oportunidad de observar de frente los miedos que están implicados en tu estado de indefensión, y que te sitúan en un estado de alerta que te paraliza o que bloquea la posibilidad de actuar frente a lo que vives como amenazante.

  • Haz una lista de tus capacidades, aptitudes, talentos y habilidades que constituyen tus fortalezas.

  • Haz otra lista de los comportamientos alternativos o habilidades nuevas que puedes adquirir para enfrentarte de manera más constructiva a lo que vives.

  • Al elaborar con honestidad y detenimiento ambas listas empezarás ya a sentir que tu autoestima puede reconstruirse y puedes volver a encontrar un sentido positivo, agradable y constructivo a lo que piensas, sientes, dices y haces.

  • Paulatinamente y con valentía, haz uso de tus fortalezas y de las nuevas habilidades en tu día a día, para que empieces a darte cuenta de que sí eres capaz de enfrentar asertivamente la vida, y que, cuando la condición externa no es modificable, sí eres capaz de asumir una actitud proactiva, y positiva frente a ellas, en vez de usar tu antiguo modo de reaccionar, con los sentimientos derivados de ésta: frustración, fracaso, inacción, desmotivación, pasividad… en suma: indefensión.

  • Para que la indefensión sea erradicada por completo, es importante que tus expectativas sobre el resultado sean positivas, esto es: que en ti exista la plena certeza de que es tú elección la actitud que tengas frente a las situaciones complicadas a las que te enfrentes, y que puedes dar tu máximo para favorecer modificarlas.

Erradicar el sentimiento de indefensión aprendida no es un acto único, es un proceso de varios pasos, a veces no sencillos, pero con disposición y constancia puedes lograr una vez más ver de frente la vida, disfrutarla, aprender de las lecciones que te presenta, y no permitirte nunca más volver a improntar en tu corazón y en tu mente este sentimiento de indefensión.

¬Patricia Anaya

Photo by Warren Wong /Unsplash

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COSAS BAJO NUESTRO CONTROL | Epicteto

se1309-190129 cosas bajo nuestro control epicteto phkingacichewiczHay cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están.

Bajo nuestro control se hallan las opiniones, las preferencias, los deseos, las aversiones y, en una palabra, todo lo que es inherente a nuestras acciones.

Fuera de nuestro control está el cuerpo, las riquezas, la reputación, las autoridades y, en una palabra, todo lo que no es inherente a nuestras acciones.

Lo que controlamos es libre por naturaleza y no puede ser impedido ni impuesto a ningún hombre; pero lo que no controlamos es débil, servil, limitado, y sujeto a un poder ajeno. Recuerda, pues, que te perjudicarás si consideras libre y tuyo lo que por naturaleza es servil y ajeno.

Te lamentarás, te confundirás, y terminarás culpando a los dioses y a los hombres de tu desgracia. Por el contrario, nadie podrá impedirte ni imponerte algo si consideras tuyo sólo lo que en verdad te pertenece y ajeno lo que en efecto es de otros. De esa forma, no criticarás a nadie ni acusarás a nadie; no harás nada en contra de tu voluntad, no tendrás enemigos y no sufrirás ningún perjuicio.

Si deseas los bienes realmente grandes, recuerda que no debes permitirte el deseo —ni siquiera leve— de alcanzar cosas de menor importancia. Por el contrario, deberás renunciar por completo a ciertas cosas y posponer otras por el momento. Porque, si quieres poseer tanto los bienes grandes como los intrascendentes, tales como el poder y la riqueza, no obtendrás éstos últimos y perderás los primeros también; fracasarás absolutamente en obtener los verdaderos medios indispensables para lograr la felicidad y la libertad.

Por lo tanto, haz el esfuerzo de poder decir ante cada adversidad: «No eres más que apariencia; no eres en absoluto lo que pareces ser». Y luego examina esa adversidad con las reglas que tienes para ello; principalmente por la que te permite establecer si concierne las cosas que están bajo tu control o si concierne aquellas que no lo están; y, si tiene que ver con algo que no depende de ti, prepárate para decir que no te importa.

 

¬Epicteto

Libro: Enquiridión
Photo by Kinga Cichewicz

 

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DE LA LUCIDEZ | Alejandra Pizarnik

La lucidez es un don y es un castigo.

Está todo en la palabra.

Lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio.

Pero también se llama Lucifer el lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse.

Lúcido viene de Lucifer y Lucifer viene de Luz y de Fergus, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior: el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor.

La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez.

El silencio de la comprensión, el silencio del mero estar.

En esto se van los años.

En esto se fue la bella alegría animal.

¬Alejandra Pizarnik

Libro: Árbol de Diana

Photo by John Westrock

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Poema: TU LUZ | Swami Parthasarathy

SE1302-181211 Tu Luz Swami Parthasarathy PhGianCescon

La oscuridad más terrible no es la que te rodea,

sino la que te habita.

Y la luz más bella, no es la que te ilumina desde afuera,

sino la que se asoma en tus ojos desde adentro.

No exijas más luz que la necesaria para ver lo necesario,

ni más camino que para andar esta jornada.

El camino más malo, no es tan malo,

si por él vas a tu meta.

Y el camino más bueno,

no es tan bueno,

si por él no llegas a tu destino.

No sabrás si hay luz mientras tus ojos no se hayan abierto,

ni sabrás si hay camino,

mientras tus pies no hayan andado.

Si arde encendida la lámpara de tu interior,

caminarás en la luz en medio de las tinieblas.

Si tu lámpara interior se apaga,

en medio de la luz, caminarás a oscuras.

 

¬Swami Parthasarathy

* Photo by Gian Cescon /Unsplash

 

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MAGIA  | Clarita Alessandria

SE1209-181120 Magia PhAlmosBechtold

Nuestro día a día esconde una magia: ¿dónde se oculta?

Ya desde chicos hacen esfuerzos por contarnos de qué se trata. La magia que hacen los magos en los circos, la magia que hacen en las películas y en los dibujitos… Magia que juega con nuestra ilusión, magia como algo increíble, extraordinario, fuera de lo común, desconocida de la lógica. Pero, en realidad, la magia no es nada de todo eso. No Sigue leyendo

Leyenda africana: LA CANCIÓN DE TU ALMA | Tolba Phanem

 

 

Blog 0206 Leyenda africana La Canción de Tu Alma Tolba Phanem

Himba es el nombre de una etnia de nativos de la región árida de Kunene, en el norte de Namibia, Africa. Los himba es la única tribu nativa que aún conserva el original Sigue leyendo