Parábola: LA SAL | Anónimo

Un anciano maestro hindú se cansó de las quejas de su aprendiz así que, una mañana, le envió por algo de sal.

Cuando el aprendiz regresó, el maestro dijo al joven infeliz que pusiera el puñado de sal en un vaso de agua y luego se la bebiera.

«¿A qué sabe?» —Preguntó el maestro—

«Amarga» escupió el aprendiz.

El maestro rio entre dientes y entonces le pidió al joven tomar la misma cantidad de sal en la mano y ponerla en el lago.

Los dos caminaron en silencio al lago cercano y una vez que el muchacho lanzó al agua su manotada de sal el viejo maestro le dijo:

«Ahora bebe agua de lago»

En cuanto el agua se escurría por la quijada del joven, el maestro le preguntó:

«¿A qué sabe?»

«Fresca» comentó el aprendiz.

«¿Te supo a sal?» —Preguntó el anciano—

«No» dijo el joven.

En esto el maestro se sentó al lado de este chico que le recordaba a sí mismo, le tomó sus manos e inició la lección:

El dolor de la vida es como la sal pura; ni más, ni menos. La cantidad de dolor en la vida es exactamente la misma. Sin embargo la cantidad de amargura y sufrimiento depende del recipiente en el que colocamos el dolor. Así que cuando sientas dolor en tu Alma, aumenta el sentido de todo lo que hay a tu derredor. Deja de ser un vaso pequeño y conviértete en un lago, amplio, sereno.

¬Anónimo

Photo by Paul Gilmore /Unsplash

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Cuento sufí: EL PICHÓN DE ÁGUILA | Anónimo

Había una vez un campesino que fue al bosque vecino a atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa.

Consiguió cazar un pichón de águila. Al llegar a su casa, lo colocó en el gallinero, junto con las gallinas. Comía mijo y la ración propia de las gallinas, aunque el águila fuera el rey o la reina de todos los pájaros.

Después de cinco años, este hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Mientras paseaban por el jardín, el naturalista le dijo al hombre:

—Este pájaro que está allí no es una gallina. Es un águila.

De hecho —dijo el campesino— es águila, pero yo lo crie como gallina. Ya no es un águila. Se transformó en gallina como las otras, a pesar de tener las alas de casi tres metros de extensión.

No —dijo el naturalista—, ella es y será siempre un águila pues tiene el corazón de águila. Este corazón hará que un día vuele a las alturas.

No, no —insistió el campesino—. La he criado como una gallina y se ha convertido en una gallina, y jamás volará como un águila.

Como no se ponían de acuerdo, el naturalista le propuso hacer una prueba.

El naturalista cogió el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola, le dijo:

Ya que en realidad eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, ¡abre tus alas y vuela!

El águila se posó sobre el brazo extendido del naturalista.

Miraba distraídamente alrededor, vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos y dio un salto hasta llegar junto a ellas.

El campesino comentó:

—Yo le dije: se ha convertido en una simple gallina.

No —insistió el naturalista—. Ella es un águila. Y un águila será siempre un águila, experimentaremos nuevamente mañana.

Al día siguiente, el naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró:

Águila, ya que eres un águila, ¡abre tus alas y vuela!

Pero, cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y de nuevo fue junto a ellas.

El campesino sonrió y volvió a la carga:

—Yo le había dicho: se ha convertido en una simple gallina.

No —insistió firmemente el naturalista—. Ella es un águila, y siempre poseerá un corazón de águila. Vamos a experimentar todavía una última vez; mañana la haré volar.

Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano. Cogieron el águila y la llevaron fuera de la ciudad, lejos de las casas de los hombres y de los gallineros, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de las montañas.

El naturalista levantó el águila al cielo y le ordenó:

Águila, ya que eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!

El águila miró alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturalista la cogió firmemente y la puso en dirección al sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte.

En ese momento, el águila abrió sus potentes alas, graznó con el típico kau, kau de las águilas y se elevó, soberana, sobre sí misma.

Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto, a volar cada vez más alto. Y voló y voló hasta confundirse con el azul del firmamento.

¬Raúl de la Rosa

Compilador de textos de Sabiduría Sufí

Libro: La Danza del Corazón

Photo by Sam Bark /Unsplash

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Poema turco: POR ESO TENGO MIEDO | Qyazzirah Syeikh Ariffin

SE1317-190326 Por eso tengo miedo Qyazzirah Syeikh PhAlineDeNadai

Tú dices que amas la lluvia,

sin embargo usas un paraguas cuando llueve.

Tú dices que amas el sol,

pero siempre buscas una sombra cuando el sol brilla.

Tú dices que amas el viento,

pero cierras las ventanas cuando el viento sopla.

Por eso tengo miedo,

cuando dices que me amas.

¬Qyazzirah Syeikh Ariffin

 

Photo by Aline De Nadai

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Cuento oriental: ¿FORMA ESTO PARTE DE MÍ? | Anónimo

SE1306-190108 Cuento oriental Forma parte esto de Mi PhBrianErickson

Cuentan que un hombre sufría con gran frecuencia ataques de ira y cólera, así que decidió un día abordar esta situación. Para ello se fue al encuentro de un viejo sabio con fama de conocer la naturaleza humana.

Cuando llegó a su presencia, habló de este modo: Sigue leyendo

Cuento: LAS TRES PREGUNTAS  | León Tolstoi

 

SE1304-181225 Cuento Las 3 preguntas Leon Tolstoi PhEduardoFlores

Cierto emperador pensó un día que si conociera la respuesta a las siguientes tres preguntas, nunca fallaría en ninguna cuestión.

Las tres preguntas eran:

¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?

¿Cuál es la gente más Sigue leyendo

Cuento Zen: EL DESTINO | Anónimo

SE1207-181106 Cuento Zen El Destino PhPixabay

Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aun cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda.

Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus Sigue leyendo

Leyenda africana: LA CANCIÓN DE TU ALMA | Tolba Phanem

 

 

Blog 0206 Leyenda africana La Canción de Tu Alma Tolba Phanem

Himba es el nombre de una etnia de nativos de la región árida de Kunene, en el norte de Namibia, Africa. Los himba es la única tribu nativa que aún conserva el original Sigue leyendo

Cuento: LA MUJER QUE ELIGE LA FRESA | Pema Chödrön

Blog 0194 Cuento La mujer que elige la fresa Pema Chodron

 

Hay una historia de una mujer que huye de los tigres. Corre y corre, pero los tigres cada vez están más cerca de ella. Al llegar al borde de un precipicio, ve algunas enredaderas, así que agarrándose a ellas, empieza a descender por la pared del abismo.

 

Al mirar hacia abajo, descubre que también hay tigres. Entonces nota que un ratoncito está royendo la enredadera en la que se agarra. Cerca de ella también descubre un bello y pequeño manojo de fresas que crecen en una mata de hierba.

Mira hacia arriba y hacia abajo. Mira al ratoncito. Entonces simplemente coge una fresa, se la introduce en la boca, y la saborea por completo.

Tigres arriba, tigres abajo. Ésta es en realidad la difícil situación en que nos hallamos siempre en términos de nuestro nacimiento y nuestra muerte.

Cada momento es simplemente lo que es.

Puede que sea el único momento de nuestra vida, la única fresa que comamos.

Podemos deprimirnos ante ello, o podemos finalmente apreciar y gozar lo precioso de cada momento de nuestra vida.

¬Pema Chödrön

 

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Cuento sufí: LAS ESTRELLAS DE MAR | Anónimo

Blog 0184 Cuento Sufi Estrellas de Mar

 

Había una vez un escritor que tenía una casa a orillas del mar, en una enorme playa virgen, en la que pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para sus libros. Era un hombre inteligente y culto y con sensibilidad para las cosas importantes de la vida.

 

Una mañana bien temprano mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.

 

El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo.

Y este le contestó: Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y en cuanto salga el sol y empiece a calentar morirán todas.

 

Dijo entonces el escritor: Pero esto que haces no tiene sentido; primero de todo que ese es su destino, morirán y serán alimento para otros animales; pero es que además hay miles y miles de estrellas por toda la playa; nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas.

 

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas mientras exclamaba:

 

Para ésta… sí tiene sentido

 

El escritor se marchó un tanto desconcertado y turbado. Ese día no encontró la inspiración para escribir y por la noche no durmió bien; soñaba con el joven y con estrellas de mar siendo lanzadas por encima de las olas.

 

A la mañana siguiente se levantó más pronto aun, salió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas de mar.

 

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Leyenda budista: EL PROBLEMA | Anónimo

Blog 0180 Leyenda Budista El Problema

 

Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas de los Himalaya, un buen día uno de los monjes guardianes amaneció sin vida.

 

Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenos de profundo respeto y misticismo.

 

Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse al monje adecuado para llevarlo a cabo.

 

El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto de guardián.

 

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:

 

He aquí el problema.

Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva.

 

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.

 

Los monjes se quedaron como petrificados, en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internos.

– ¿Qué representaría ese bello jarrón con flores?

– ¿Qué hacer con él?

– ¿Cuál podría ser el enigma encerrado en tan delicada belleza?

– ¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo?

– ¿Podría ser algo tal simple como que necesitara agua la flor?

 

¡Eran tantas preguntas!

 

En un momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y… ¡¡Zaz!! Destruyó todo de un solo golpe.

 

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo:

 

Alguien se ha atrevido no solo a dar solución al problema, sino a eliminarlo.

 

Honremos a nuestro nuevo guardián del monasterio.