Parábola: LA SAL | Anónimo

Un anciano maestro hindú se cansó de las quejas de su aprendiz así que, una mañana, le envió por algo de sal.

Cuando el aprendiz regresó, el maestro dijo al joven infeliz que pusiera el puñado de sal en un vaso de agua y luego se la bebiera.

«¿A qué sabe?» —Preguntó el maestro—

«Amarga» escupió el aprendiz.

El maestro rio entre dientes y entonces le pidió al joven tomar la misma cantidad de sal en la mano y ponerla en el lago.

Los dos caminaron en silencio al lago cercano y una vez que el muchacho lanzó al agua su manotada de sal el viejo maestro le dijo:

«Ahora bebe agua de lago»

En cuanto el agua se escurría por la quijada del joven, el maestro le preguntó:

«¿A qué sabe?»

«Fresca» comentó el aprendiz.

«¿Te supo a sal?» —Preguntó el anciano—

«No» dijo el joven.

En esto el maestro se sentó al lado de este chico que le recordaba a sí mismo, le tomó sus manos e inició la lección:

El dolor de la vida es como la sal pura; ni más, ni menos. La cantidad de dolor en la vida es exactamente la misma. Sin embargo la cantidad de amargura y sufrimiento depende del recipiente en el que colocamos el dolor. Así que cuando sientas dolor en tu Alma, aumenta el sentido de todo lo que hay a tu derredor. Deja de ser un vaso pequeño y conviértete en un lago, amplio, sereno.

¬Anónimo

Photo by Paul Gilmore /Unsplash

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