¿QUÉ DEBO HACER PARA CAMBIAR?  |  Wayne W. Dyer

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No se pueden superar la debilidad o las limitaciones pensando.

No llegarás al lugar de armonía interior necesario para crear realidad mágica esforzándote por superar tus viejas conductas negativas.

 

Lo que sí puedes aprender es a dejar atrás esa etapa de tu vida

y cruzar la puerta que lleva a un nuevo modo de ser.

Este proceso que consiste en dejar atrás las viejas costumbres. Empieza en tu dimensión invisible, es decir en tu pensamiento. Te ves a ti mismo liberándote realmente de los obstáculos que te habías puesto en la vida, te imaginas a ti mismo sin necesidad ya de apoyarte en esos esquemas negativos. Entonces está completa la parte que corresponde al pensamiento.

 

Avanzas ahora hacia un nuevo tú.

 

Dejas atrás la creencia de que no puedes cambiar o de que no puedes crear el milagro que deseas para ti, y dejarás atrás la actividad física que apoyaba esa creencia. Imagínatela atrás, mírala y sabrás que ya no vives de ese modo.

Yo también puedo verme a mí mismo, en un momento lejano, con esas viejas conductas. Y sonrío para mis adentros, sabiendo que he dejado atrás esa parte de mí ser. Todo empezó con un pensamiento al que siguió una acción basada en ese nuevo pensamiento, y esto es para mí un milagro que vivo ahora día tras día. No lo conseguí intentando constantemente eliminar el problema pensando ni tampoco burlándolo poco a poco, sino dejándolo atrás.

En definitiva hay que dejar atrás lo que es autodestructivo o que constituye un obstáculo para el crecimiento.

Toda persona que haya superado alguna dificultad o efectuado algún cambio positivo en su vida, al enfrentarse a lo que ha sido su vida ha tenido que dejar atrás el viejo hábito por propia voluntad. En cuanto sepas que esto es una verdad, verás qué pronto estás creando realidad mágica en tu vida.

Así es como se efectúan todos los cambios milagrosos, cuando se llega a la pregunta:

«¿Qué debo hacer para cambiar?»

o bien:

«¿Qué debo hacer para crear el milagro que deseo en mi vida?».

 

¬Wayne W. Dyer

* Libro: Tus Zonas Mágicas
Photo By Alex Iby /Unsplash

 

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CAMBIA TU PROGRAMACIÓN  |  Anthony De Mello

Blog 0166 Cambia tu programacion

 

Los hombres buscan y huyen de muchas cosas, y no entienden que, tanto lo que buscan fuera como aquello de lo que huyen, está dentro. Estás intentando escapar de algo que está dentro de ti: tú inconsciente, en donde están grabadas todas tus programaciones. Y lo que buscas, el amor, la felicidad, está dentro de ti, eres tú mismo.

 

Es el despertar a tu suficiencia lo que va a liberarte. La resolución de todo está dentro de ti, y si consigues ser suficiente, ya has llegado a ser tú mismo. Pero mientras no se te vayan tus neurosis de adormilado, no intentes cambiar el mundo; antes despierta tú.

 

Mientras duermes y sueñas, ves a las personas y al mundo igual que te ves tú.

El día que cambies, cambiarán todas las personas para ti, y cambiará tu presente.

Entonces vivirás en un mundo de amor.

 

El que ama, termina siempre por vivir en un mundo de amor, porque los demás no tienen más remedio que reaccionar por lo que él los impacta.

 

Ahora piensa en las personas con las que ordinariamente vives y trabajas, y en los problemas que tienes con ellos.

 

¿Sabes la solución?

 

Te voy a decir un remedio mágico, porque no falla nunca: cambia tu programación y todo cambiará.

 

Renuncia a tus exigencias: lo más importante para vivir el presente, tanto contigo mismo como con los demás, es renunciar a las exigencias.

 

Las exigencias son la fuente de todo problema de relación y convivencia. Exiges que el otro no sea egoísta, que no sea indiferente, y te auto convences de que lo haces por su bien. ¿Que lo haces por su bien? Y entonces, ¿por qué te molesta su actitud?; ¿no será que está reflejando algo que no te permites a ti mismo?

 

No te engañes, llama las cosas por su nombre.

No seas exigente contigo mismo y comenzarás a no exigir a los demás.

 

Sal de esa programación que te tiene prendido en el árbol del bien y del mal y comenzarás a aceptar la realidad sin juicios ni críticas.

 

Cuando te molesta que tu amigo sea exigente, es que tú lo eres también. Cuando te molesta que no reaccione, no seas exigente y no le pidas lo que no está dispuesto a hacer en ese momento. Pero puedes comprenderlo y no juzgarlo, sino esperar que él sepa por sí solo salir de su pasividad. Eso puede ayudarlo, y en cambio la exigencia no.

 

No te compete a ti apresurar los resultados, porque tú no estás para arreglar el mundo, sino para amarlo y comprenderlo.

 

¿No te das cuenta de que, cuando buscas un resultado y luchas por él, lo que haces es buscarte a ti mismo?

 

Quieres, en el fondo, tener razón y demostrarlo. Olvidas que, para cada persona, la vida tiene reservados un ritmo y una ocasión. Mira a las personas tal como son, respétalas, acéptalas y trata de comprenderlas allí en donde están y dales la respuesta que a ti te corresponde: la del amor y la comprensión.

 

El mundo de la realidad que vives es falso, porque está sujeto a conceptos.

Los conceptos no son más que añadiduras que ha puesto tu cultura.

 

¬Anthony De Mello

 

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Cuento budista: LLUVIA Y SOL | Anónimo

Blog Lluvia y Sol

 

Hubo una vez una mujer que lloraba todo el tiempo. No pasaba un día
sin que rompiera a llorar en múltiples ocasiones. Vivía sola, habiéndose
casado sus dos hijas. La primera se había casado con un vendedor de
paraguas y la segunda con un vendedor de fideos.

Los días soleados, la mujer se lamentaba: “¡Oh, no, qué bueno hace! Con semejante sol, ¿quién va a comprar paraguas? ¿Y qué pasará cuando la tienda tenga que cerrar?”.

Cuando llovía, se lamentaba por su hija pequeña: “¡Oh, no! Con esta lluvia, sin sol,  ¿cómo van a secar los fideos? No tendrán nada para vender. ¿Cómo haremos entonces?”.

Sus pensamientos siempre la entristecían. No podía evitar llorar. Así la
vieja mujer vivía continuamente consternada. Lloviera o luciera el sol,
siempre encontraba una razón para llorar. Sus vecinas no sabían qué
hacer con ella y con ánimo de bromear habían terminado por llamarla
“la llorona”.

No lejos de allí vivía un monje. Se preguntaba por qué esta mujer
lloraba todo el tiempo y un buen día se lo preguntó.

Tras escuchar sus explicaciones, el monje le respondió amablemente:

“Señora, no tiene necesidad de inquietarse tanto. Si lo desea, puedo mostrarle cómo ser feliz, y ya no tendrá más necesidad de lamentarse”.

La llorona quedó encantada de escuchar esta propuesta. Rogó al monje que le mostrara de inmediato lo que debía hacer. Él respondió:

“Es muy simple, sólo necesita cambiar su perspectiva. Los días soleados, no piense en su hija mayor que no podrá vender paraguas sino en la pequeña, que podrá
secar fideos y venderlos. Los días de lluvia, piense en la tienda de
paraguas de su hija mayor, que hará buen negocio”.

El semblante de la anciana se iluminó. Se apresuró a seguir los consejos
del monje y no se la vio volver a llorar. Ya no se la reconocía. Desde
aquel momento, fue conocida como “la mujer sonrisa”.

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¿Nuestra felicidad depende de nosotros?

Oscar Brenifier & Isabelle Millon

Libro: Sabiduría de los Cuentos Budistas

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