DECIDIR | Henri-Frédéric Amiel

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ELECCIÓN | William James

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TUS EMOCIONES DEPENDEN DE TI | Viktor Frankl

Blog Nadie Te Puede Hacer Sufrir

 

¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?…

¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?…

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables.

Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz.

Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta.

Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.

Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda.

Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos “lastimaron”, siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.

Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:

“Necesito que Pedro me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo pero si no lo hace… siento que me muero”.

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente… ¿no será un calvario voluntario para nosotros?

No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: “Mi amor, me haces tan feliz”, “Sin ti me muero”, “No puedo pasar la vida sin ti”, son completamente irreales y falsas.

No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros.

Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad.

No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella…

Eres tú quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.

Y no olvides nunca:

Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.

Viktor Frankl

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PERDONAR ES UNA DECISIÓN | Patricia Anaya

Blog PerdonarComoDecision

El perdón no es un acto único, no ocurre al azar, no surge solamente porque pasa el tiempo.

El perdón es un proceso que inicia única y exclusivamente cuando tomas la decisión real de perdonar, y esa decisión conlleva la existencia de básicamente cuatro elementos:

  • Voluntad = Quiero perdonar
  • Disposición = Estoy dispuesta a perdonar
  • Intención = Hago todo lo necesario para lograrlo
  • Acción = Llevo a cabo el proceso de principio a fin

El proceso del perdón no tiene tiempo; dura justo lo que tiene que durar. El fin del proceso no está escrito, solo se siente en el corazón.

El perdón es en esencia un proceso interno, que se gesta y se desarrolla en lo más hondo de tu ser.

Es muy enriquecedor que la persona a la que sientes que tienes que perdonar esté contigo en el proceso, pero no es un requisito indispensable.

A veces, ya murió; a veces, está lejos; a veces, ya no hay vínculo entre ustedes; a veces, le invitas a trabajar junto contigo el perdón y se niega; a veces, simplemente, decides hacerlo solamente tú.

Tampoco es necesario que elijas continuar formando vínculo con la persona a la que estás decidiendo perdonar.

Perdonar y continuar en relación con… son dos decisiones independientes; que pueden o no estar asociadas.

Puede ser que ya no quieras verla más, o puede ser que quieras (y la persona también) reiniciar la relación desde donde quedó suspendida, o desde cero.

Cuando tomas la decisión de perdonar a una persona te desenganchas de la creencia de que estar atada a ella te hará más fuerte. Además, te deshaces de la idea de que hizo algo que te lastimó y comprendes que eres tú la que habías elegido interpretar como daño lo que ella decidió decir, hacer, o no hacer.

Cuando tomas la decisión de perdonar, desde lo más profundo de ti, llevas ya más de la mitad del proceso recorrido; lo que falta del camino solo es técnica, es estrategia; la que te guste, la que te haya servido más, la que tu intuición te vaya marcando paso a paso.

Cuando tomas la decisión de perdonar de manera simultánea se inicia la limpieza interna que te permitirá EVOLUCIONAR en todas las dimensiones de tu vida.

Cuando tomas la decisión de perdonar en automático estás decidiendo también lograr la plena LIBERTAD de tu Ser.

Cuando tomas la decisión de perdonar estás ya en PAZ.

EVOLUCIÓN, LIBERTAD, PAZ… Son los mejores regalos que te otorga el Universo por elegir PERDONAR.

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¬ Patricia Anaya

 

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