ATENCIÓN Y VIGILANCIA | Omraam Mikhael Aivanhov

La atención tiene varios aspectos. El aspecto más conocido es evidentemente la aplicación sostenida que se necesita para realizar correctamente nuestro trabajo, escuchar una conferencia o leer un libro.

Pero existe al mismo tiempo otra atención que se llama observación de sí mismo, introspección. Consiste en tomar conciencia en cada momento del día de lo que ocurre en nuestro interior, con el fin de discernir las corrientes, los deseos, los pensamientos que pasan por nuestra cabeza. Esta atención todavía no está suficientemente desarrollada.

Por eso, cuando llega el momento de resolver un problema, de comprender una cuestión importante, el cerebro está fatigado, ofuscado, y nada resulta bien.

Para que vuestro cerebro esté siempre lúcido, a vuestra disposición, debéis estar atentos, ser prudentes y mesurados en todas vuestras actividades, de lo contrario, aun cuando la Verdad en persona venga a presentarse ante vosotros, no comprenderéis nada. Para ser capaces de hacer frente razonablemente, inteligentemente, a todas las situaciones que se presentan, debéis mantener el pensamiento despierto y vigilante.

El que no está vigilante, el que cierra los ojos, está expuesto a todos los peligros.

No hay nada peor que vivir con los ojos cerrados. Hay que tener los ojos bien abiertos para darnos cuenta constantemente de los estados de conciencia en los que nos encontramos.

Sólo aquél que tiene los ojos bien abiertos posee la inteligencia de la vida interior, y no se deja atrapar por fuerzas o entidades extrañas.

¡Cuando un hombre se adormece está claro que cualquiera puede sorprenderlo!

Así pues, cuidad la atención interna, esta atención que debe mantenerse alerta, con el fin de que sepáis siempre lo que pasa dentro de vosotros. Ejercitaos. No basta con hacer de noche un examen de conciencia; debéis ser capaces de distinguir en cualquier momento del día cuáles son los deseos, los pensamientos, los sentimientos que pasan por vosotros, conocer su origen, su naturaleza, y ser capaces, si hace falta, de tomar precauciones o incluso de reparar los desperfectos producidos.

En la vida cotidiana, tan pronto como se produce un accidente, vemos que los bomberos o los militares salen enseguida para extinguir los incendios, reparar los puentes, despejar las carreteras, salvar a los heridos, etc.

En el plano físico encontramos natural reparar los desperfectos inmediata mente. Pero en el plano interno no sabemos qué hacer, dejamos que se produzcan toda clase de destrozos sin reaccionar. Pues no, cinco, diez, veinte veces al día hay que mirarse a sí mismo, para ver qué hay que reparar y no demorarse en hacerlo. De lo contrario, luego es demasiado tarde, porque entonces ya estamos desquiciados, anonadados.

¬Omraam Mikhael Aivanhov

Libro: Reglas de Oro para la Vida Cotidiana

Photo by Cristofer Jeschke

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TENÉIS LA SENSACIÓN DE NACER A UNA NUEVA VIDA | Omraam Mikhaël Aïvanhov

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Leéis u oís pronunciar una frase que os maravilla y, durante unos minutos, tenéis la sensación de nacer a una nueva vida.

 

No se trata de una ilusión: toda palabra de verdad posee un real poder mágico.

Pero no os contentéis con estar deslumbrados. Tomad esta palabra y tratad de vivir toda la jornada con ella. No la soltéis, aunque estéis trabajando, paseando, escuchando música, aseándoos, vistiéndoos, limpiando o incluso cocinando.

Estudiadla en todos sus aspectos, tratad de comprender cómo se verifica en todos los dominios y en todas las circunstancias de la vida, con el fin de que pueda encarnarse en vosotros. He aquí el único método bueno de trabajo.

Aunque un día perdáis la memoria, nunca olvidaréis las verdades que hayáis logrado hacer carne y hueso en vosotros.

Quizá no sepáis expresarlas con palabras, porque la memoria, en tanto que facultad del cuerpo mental, ya os habrá abandonado, pero más profundamente su impronta permanecerá en vosotros: os iréis al otro mundo con el conocimiento de estas verdades y cuando volváis, las traeréis de nuevo con vosotros, porque formarán parte de la quintaesencia de vuestro ser.

¬Omraam Mikhaël Aïvanhov