DAR TU MÁXIMO | Pema Chödrön

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Cuento: LA MUJER QUE ELIGE LA FRESA | Pema Chödrön

Blog 0194 Cuento La mujer que elige la fresa Pema Chodron

 

Hay una historia de una mujer que huye de los tigres. Corre y corre, pero los tigres cada vez están más cerca de ella. Al llegar al borde de un precipicio, ve algunas enredaderas, así que agarrándose a ellas, empieza a descender por la pared del abismo.

 

Al mirar hacia abajo, descubre que también hay tigres. Entonces nota que un ratoncito está royendo la enredadera en la que se agarra. Cerca de ella también descubre un bello y pequeño manojo de fresas que crecen en una mata de hierba.

Mira hacia arriba y hacia abajo. Mira al ratoncito. Entonces simplemente coge una fresa, se la introduce en la boca, y la saborea por completo.

Tigres arriba, tigres abajo. Ésta es en realidad la difícil situación en que nos hallamos siempre en términos de nuestro nacimiento y nuestra muerte.

Cada momento es simplemente lo que es.

Puede que sea el único momento de nuestra vida, la única fresa que comamos.

Podemos deprimirnos ante ello, o podemos finalmente apreciar y gozar lo precioso de cada momento de nuestra vida.

¬Pema Chödrön

 

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INTIMAR CON EL MIEDO | Pema Chödrön

Blog 0037 Intimar conel miedo

 

Este es un relato de la experiencia que tuvo un hombre que vivió en la India durante la década de los sesenta.

En su búsqueda por lograr una evolución espiritual, estaba absolutamente dispuesto a librarse de sus emociones negativas: luchaba contra la ira y la lujuria, luchaba contra la pereza y el orgullo, pero sobre todo quería liberarse del miedo.

Su profesor de meditación le decía una y otra vez que dejase de luchar, pero él consideraba que aquello no era más que otra manera de explicarle cómo superar los obstáculos.

Finalmente, el profesor lo envió a meditar en una pequeña cabaña al pie de las montañas. El cerró la puerta y se dispuso a comenzar con la práctica. Al llegar la noche, encendió tres pequeñas velas.

Hacia medianoche oyó un ruido en una esquina de la habitación y en la oscuridad pudo distinguir una gran serpiente. Estaba justo delante de él, balanceándose, y le miraba como una cobra real. Estuvo toda la noche totalmente alerta, manteniendo los ojos en la serpiente: tenía tanto miedo que no podía ni moverse.

Sólo estaban él, la serpiente y su miedo.

Justo antes del amanecer se apagó la última vela y él empezó a llorar, pero no lloraba de desesperación sino de ternura. Sintió el anhelo de todas las personas y animales del mundo; conoció su lucha y su alienación. Todas sus meditaciones no habían sido más que lucha y separación.

Entonces aceptó —verdaderamente aceptó de todo corazón— que era iracundo y celoso, que se resistía y luchaba, y que tenía miedo. También aceptó que era un ser precioso más allá de toda medida: sabio y estúpido, rico y pobre, y totalmente insondable.

Se sentía tan agradecido que se levantó en medio de la oscuridad total, caminó hacia la serpiente y le hizo una reverencia. A continuación se tumbó en el suelo y se quedó profundamente dormido.

Cuando despertó, la serpiente había desaparecido.

Nunca supo si se lo había imaginado o si realmente había sucedido, pero no parecía importarle mucho. Lo relevante fue que el contacto íntimo con el miedo hizo que sus dramas personales se colapsaran, y finalmente el mundo que le rodeaba pudo llegar hasta él.

Pema Chodrón

Libro: Cuando todo se derrumba

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El miedo es una experiencia universal; lo siento yo, lo sientes tú, lo sienten todos los animales, hasta los minúsculos; es una emoción inherente al hecho de tener vida.

El miedo es una reacción natural al acercarme a la Verdad. Reacciono con miedo ante la posibilidad de encontrarme frente a frente con el peligro, la enfermedad, la soledad, el vacío, la muerte, ante mi miedo mismo… y también, y más aún, de estar cara a cara con mi propio Ser.

Para avanzar, no puedo permanecer con miedo, porque entonces no habría espacio para el amor. Pero tampoco me conviene huir del miedo por medio de adicciones u otras conductas evasivas; porque a todo lo que me resisto, persiste. Entonces, solo me queda un camino: aproximarme, conocerlo, familiarizarme e intimar con él.

Cuando no hay escape posible a mí miedo, cuando estoy en el límite de lo desconocido, plenamente presente, sin mayor punto de referencia en el cual pueda asirme, entonces, mi experiencia se torna muy vívida y todo empieza a tomar claridad: estoy frente a mí misma, frente a miedos, frente a mis emociones, frente a mi vulnerabilidad… y frente al hecho rotundamente cierto de la impermanencia de mi vida, de la vida misma.

Intimar con el miedo, es una de las experiencias más escalofriantes y, a la vez, más enriquecedoras que podemos vivir… Pero no es un acto, sino un proceso; que si o si es preciso atravesar paso a paso hasta sanarlo, para lograr así mi Evolución PsicoEspiritual

Patricia Anaya

Gracias por compartir tu sentir y tu experiencia sobre este tema. Tus comentarios nos enriquecen a todos.