LA INDEFENSIÓN APRENDIDA | Patricia Anaya

¿Alguna vez ha pasado por tu mente

que lo que ocurre en tu vida es inmodificable?

¿Has experimentado la sensación

de que hagas lo que hagas nada va a cambiar lo que vives?

¿Has vivido reiterados eventos adversos o dolorosos

en los cuales has sentido que no podías o puedes salir bien librada/o?

Si tu respuesta es “sí” entonces has experimentado un estado psicológico que se conoce como “indefensión aprendida”.

En la década de los 70’s el psicólogo estadounidense Martin Seligman estudió los efectos conductuales que producían en perros una serie de descargas eléctricas.

Después de varios intentos de huida, el animal se percataba de que hiciera lo que hiciera obtenía el mismo resultado nulo o negativo para poder escapar y evitar el dolor. Es decir, aprendió a sentirse indefenso ante la situación adversa que vivía; y ante después de varios intentos no se esforzó más por ejecutar acciones de lucha ni de huida, aun cuando la jaula hubiese quedado abierta.

Con estudios posteriores, Martin Seligman y otros investigadores comprobaron que los cambios neuroquímicos y el patrón de conducta que presentaron los perros de este estudio eran similares a los que se presentan en el humano en estados depresivos.

En concreto ¿qué es la indefensión aprendida?

Es un estado psicológico por el cual un humano (o un animal) se paraliza, se bloquea o se muestra pasivo ante situaciones adversas, desagradables, destructivas o dolorosas que vive; porque tiene la sensación subjetiva de ser incapaz de modificarlas, ya que se ha esforzado por lograrlo varias veces o en diversos momentos, y no ha tenido el éxito esperado.

Como resultado de esta historia de frecuentes intentos fallidos, de fracasos en el manejo de las condiciones de su vida, la persona instaura en su mente la creencia de que el entorno es inmodificable; que ella no tiene poder alguno, que es irremediablemente vulnerable a lo que vive, y que todo lo que ocurre en la vida forma parte de un destino inmutable.

Asume que sus palabras y acciones son inútiles porque no van a lograr influir en nada en las circunstancias que está experimentando; y, entonces, deja de expresar sus necesidades o sus deseos; no ejecuta acciones para hacer valer sus derechos cuando es preciso; e incluso, opta por no hacer nada para modificar, evitar o abandonar dichas circunstancias.

Todo lo anterior está, además, teñido y acrecentado por pensamientos recurrentes en los que predomina el pesimismo y la impotencia, del tipo: “no cuento con los recursos para enfrentarme”, o bien, “no tiene ningún caso que actúe, si de todas maneras lo que se haga no es suficiente” “de nada sirve lo que hago”.

Cuando se anima a llevar a cabo una acción, adopta una posición de víctima y no asume las consecuencias de sus actos. Y ante la menor dificultad “tira la toalla” y justifica sus fracasos como algo que proviene del exterior.

El sentimiento de indefensión, la sensación de desamparo e impotencia, y la pasividad adyacente, bloquean, a su vez, la posibilidad de aprender aptitudes y actitudes nuevas, simples o complejas, que le serían útiles para realizar modificaciones en su ambiente.

Y, aunque posteriormente las circunstancias del entorno cambiasen, la persona continuará creyendo que se debió a un factor externo fortuito, y no a algo que ella generó.

El estado psicológico de indefensión surge indistintamente en mujeres, hombres, niños, ancianos; de todas las edades, y de cualquier nacionalidad y credo.

El disparador del sentimiento de indefensión puede ser cualquier situación cotidiana o extraordinaria, que se percibe como amenazante y que se presenta de manera reiterada; por ejemplo: tener un empleo en donde no hay buenas condiciones laborales; estar en periodo de exámenes académicos; eventos que implican competencia sea en el medio empresarial, artístico o deportivo, por ejemplo.

También es muy frecuente la presencia la condición de indefensión aprendida en casos de acoso escolar (bullying) laboral (mobbing) o de violencia de género, entre otros.

Es muy importante comprender que las situaciones complejas, adversas, desagradables o dolorosas por sí mismas no son una razón única o suficiente para desencadenar el estado psicológico de indefensión, o en su caso, un estado depresivo. Entre otros múltiples factores, influye de manera notable la forma en que una persona ha aprendido a percibir e interpretar los eventos de su vida, y sus estrategias de acción: huida, lucha o afrontamiento.

La persona que presenta el estado psicológico de indefensión aprendida usualmente —no siempre—, se encuentra a su vez en un estado depresivo, aunque no necesariamente en una depresión clínicamente diagnosticada.

De cualquier manera, poner atención al sentimiento de indefensión aprendida cobra especial relevancia porque puede ocasionar que la persona que lo presenta llegue a un nivel extremo de desvalorización, frustración, impotencia, apatía, desesperanza, etc., que lo impulse a tomar decisiones extremas que impacten su salud, su integridad o su vida misma.

Si te encuentras en un estado psicológico de indefensión aprendida puedes salir de él si aplicas algunas de las estrategias que te presento a continuación.

Pero antes, te animo a dar click AQUÍ para leer el Cuento: El Elefante Encadenado, escrito por Jorge Bucay, que ilustra claramente lo que implica improntar la indefensión en la vida.

¡Ahora sí! ¿Cómo puedo erradicar de mi vida el sentimiento de indefensión?

El estado psicológico de indefensión es APRENDIDO; por lo tanto, puede ser DESAPRENDIDO.

El proceso para desaprender la indefensión puede ser complejo o sencillo, según la infinidad de variables dinámicas que hay en tu vida en particular, es decir: tu edad, educación, idiosincrasia, cultura, grupos a los que perteneces, voluntad y disposición de acción, etc.

Una manera sencilla y funcional consiste en lo siguiente:

  • Genera las condiciones materiales y mentales necesarias para escuchar tu diálogo interno y detectar cuáles son las creencias limitantes que te llevan al estado de indefensión y a mostrar pasividad frente a las situaciones adversas, conflictivas o dolorosas.

  • Date la oportunidad de observar de frente los miedos que están implicados en tu estado de indefensión, y que te sitúan en un estado de alerta que te paraliza o que bloquea la posibilidad de actuar frente a lo que vives como amenazante.

  • Haz una lista de tus capacidades, aptitudes, talentos y habilidades que constituyen tus fortalezas.

  • Haz otra lista de los comportamientos alternativos o habilidades nuevas que puedes adquirir para enfrentarte de manera más constructiva a lo que vives.

  • Al elaborar con honestidad y detenimiento ambas listas empezarás ya a sentir que tu autoestima puede reconstruirse y puedes volver a encontrar un sentido positivo, agradable y constructivo a lo que piensas, sientes, dices y haces.

  • Paulatinamente y con valentía, haz uso de tus fortalezas y de las nuevas habilidades en tu día a día, para que empieces a darte cuenta de que sí eres capaz de enfrentar asertivamente la vida, y que, cuando la condición externa no es modificable, sí eres capaz de asumir una actitud proactiva, y positiva frente a ellas, en vez de usar tu antiguo modo de reaccionar, con los sentimientos derivados de ésta: frustración, fracaso, inacción, desmotivación, pasividad… en suma: indefensión.

  • Para que la indefensión sea erradicada por completo, es importante que tus expectativas sobre el resultado sean positivas, esto es: que en ti exista la plena certeza de que es tú elección la actitud que tengas frente a las situaciones complicadas a las que te enfrentes, y que puedes dar tu máximo para favorecer modificarlas.

Erradicar el sentimiento de indefensión aprendida no es un acto único, es un proceso de varios pasos, a veces no sencillos, pero con disposición y constancia puedes lograr una vez más ver de frente la vida, disfrutarla, aprender de las lecciones que te presenta, y no permitirte nunca más volver a improntar en tu corazón y en tu mente este sentimiento de indefensión.

¬Patricia Anaya

Photo by Warren Wong /Unsplash

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TUS EMOCIONES SON TÚ ELECCIÓN | Patricia Anaya

A veces te acostumbras tanto a vivir con miedo, con tristeza, con ansiedad o con alguna emoción desagradable; que empiezas a creer que estos sentimientos que son naturales en ti; y, entonces, los momentos de paz, de felicidad, de éxito te resultan incómodos.

Si te detectas en esta circunstancia, haz una pausa y valora qué es lo que realmente prefieres sentir.

Toma las acciones que sean necesarias para que logres llegar a la nueva emoción que has elegido sentir y permítete sentirla.

Por ejemplo: Detectas que estás triste y que no quieres sentirte así. Primero aceptas tu tristeza. Luego, buscas pensamientos que te lleven a sentirte alegre, tal vez algún recuerdo de tu infancia, probablemente la memoria de un evento exitoso en tu trabajo, la lectura de un libro de tu agrado o encontrando en la cartelera cinematográfica alguna comedia cuya trama te pudiese provocar risa.

Una vez que tu vibración de tristeza empieza a difuminarse y surge tu vibración de alegría, eliges permanecer ahí tanto cuanto más desees.

Y, si así lo estimas útil, ya estando en el estado vibratorio de alegría puedes hacer un recuento de lo que pudo haber provocado la tristeza que sentías, con el fin de trabajarla, darle salida o encontrarle solución, —si las tiene—, y con ello prever que no reaparezca esa emoción más adelante.

Las emociones son una elección, y esta elección es solamente tuya.

¬Patricia Anaya

Photo by Lucreative /Unsplash

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TA-HIO O GRAN CIENCIA | Confucio

 

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Es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones.  En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos Sigue leyendo

LA AUTOOBSERVACIÓN | Anthony De Mello

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La única forma en que alguien puede ayudarle es cuestionando sus ideas. Si usted está dispuesto a escuchar, si está dispuesto a ser cuestionado, puede hacer algo, pero nadie puede ayudarle.

¿Qué es lo más importante de todo? Es la autoobservación. Nadie puede ayudarle en eso. Nadie puede darle un método. Nadie puede indicarle una técnica. En el momento que usted adquiera una técnica, vuelve a quedar programado. Pero la autoobservación —observarse a sí mismo— es importante.

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LOS SIETE EGOS | Kahlil Gibrán

En la hora más silenciosa de la noche, mientras estaba yo acostado y dormitando, mis siete egos se sentaron en rueda a conversar entre susurros, en estos términos:

Primer Ego:

—He vivido aquí, en este loco, todos estos años, y no he hecho otra cosa que renovar sus penas de día y reavivar su tristeza de noche. No puedo soportar más mi destino, y me rebelo.

SIGUE

Frustración | Karmelo Bizkarra

Blog 0167 Frustracion sc

 

La frustración tiene que ver con la no aceptación de la vida, la necesidad de que las cosas sean como yo quiero.

 

Cuando no aceptamos la vida nos quejamos de ella y de las personas que nos rodean y la queja puede ser una válvula de escape e incluso puntualmente una ayuda. Pero cuando es continua no nos ayuda nada; nos convertimos en un gruñón.

 

La queja muchas veces se debe a que no estamos viviendo la vida que queremos vivir, pero no nos atrevemos a cambiarla o nos resulta más cómodo mantenernos en esa situación. La queja excesiva indica la acomodación de la persona en una forma de vida de la que no está a gusto.

 

Al quejica todo le parece poco y nunca está satisfecho con lo que ocurre o con la actitud de los demás.
Ante las cosas que no acepto o me cuesta aceptar: me quejo, me pongo airado, me rebelo, racionalizo que no pasa nada, culpabilizo a los demás, me culpabilizo a mí mismo, me siento víctima, me fugo con la comida, la bebida o el juego. Estos mecanismos los utilizo cuando me cuesta aceptar algo.

La salida de la frustración es vivir y aceptar lo que nos trae la vida, intentando cambiar nuestra vida y ayudar a los demás a mejorar la suya.

¬Karmelo Bizkarra

CULPA Y RESPONSABILIDAD | Patricia Anaya

Blog CulpaYResponsabilidad

 

¿Has sentido culpa alguna vez?

Estoy segura que sí. Podría afirmar que casi todos los humanos la hemos sentido.

 

La culpa es un pensar y un sentir que configura tu conciencia como una especie de alerta para avisarte que has hecho algo que ha trasgredido las normas que tu consideras tu marco de referencia moral, social, religioso… para tu vida.

 

Pero esa es justamente su única función: Avisarte para que te des cuenta.

 

Una vez que tomas conciencia del error, tienes que pasar de inmediato a la responsabilidad

 

La culpa y la responsabilidad no pueden coexistir.

Una vez que tomas conciencia del error, tienes que pasar de inmediato a la responsabilidad, eliminando la culpa de tu interior, ya que si permanece, junto con ella se queda también el sentimiento desagradable que acompaña al pensamiento: “me equivoqué” “le quedé mal a…” “nadie me querrá porque soy una tonta…”

 

Cometer errores es inherente al proceso de aprender durante la vida en este Planeta.

 

Cuando haces algo, sea lo que sea, consciente o inconscientemente lo haces creyendo en ese momento que es lo mejor que puedes hacer, con los recursos que tienes disponibles y, a veces, sin ninguna posibilidad de hacer otra cosa.

 

Es cierto, a veces lo que eliges hacer en efecto constituye un error, pero eso no te hace ser una persona tonta ni quedar mal con los demás; a menos que tú insistas en considerarlo así.

 

 

Asumir la responsabilidad del error implica, al menos:

 

  • Reconocer el daño
  • Aceptar las consecuencias
  • Hacer todo lo posible por reparar el error
  • Cuando no hay reparación, compensarlo
  • Tener la intención de no volver a dañar
  • Pedir perdón -si es el caso-
  • Perdonarte a ti
  • Retomar la paz
  • Continuar tu vida

 

¿Se puede realmente dejar de sentir culpa?

 

En mi experiencia personal, la respuesta es sí.

En mi experiencia como psicoterapeuta, también la respuesta es sí, es posible.

 

Pero esto solamente se logra cuando quien comete el error decide conscientemente no victimizarse, “tirar a la basura” la culpa y dar paso a poner en marcha su “habilidad para responder” (respons-habilidad) para usar el evento del error como un escalón para su evolución.

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Patricia Anaya

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Video: ÁMATE Y VIVE LA VIDA SIN MIEDO | David Garret

Vídeo

La excelente interpretación de David Garret da un toque inspirador a las líneas del contenido, que por sí mismas te llevan si o si a enfocarte en tu Misión al Ser y Hacer aquí en este Planeta, en este instante…

HOY SERÉ DUEÑO DE MIS EMOCIONES | Og Mandino

La marea sube; la marea baja. Pasa el invierno y llega el verano.
Declina el verano y aumenta el frío. El sol sale; el sol se pone.

La luna está llena; la luna es negra. Llegan los pájaros, y luego parten.
Florecen las flores; las flores se marchitan.

Se siembra la semilla; se recoge la cosecha. La naturaleza toda es un ciclo de estados de ánimos y yo soy parte de la Naturaleza; y así como la marea, subirán mis estados de ánimo; mis estados de ánimo bajarán.

Hoy seré dueño de mis emociones

Es una de las estratagemas de la naturaleza, escasamente, comprendida, que cada día amanezco con estados de ánimo que han cambiado desde ayer. El gozo de ayer se convertirá en la tristeza de hoy; sin embargo la tristeza de hoy pasará a ser el gozo del mañana.

Dentro de mí hay una rueda que cambia constantemente de la tristeza al gozo, de los transportes de alegría a la depresión, de la felicidad a la melancolía. A igual que las flores, los capullos de gozo de hoy se marchitarán y abatirán, y sin embargo recordaré que las flores secas de hoy llevan la semilla del pimpollo del mañana; así también la tristeza de hoy contiene la simiente del gozo del mañana.

Hoy seré dueño de mis emociones

¿Y cómo dominaré estas emociones a fin de que cada día sea productivo?

Porque a menos que mi estado de ánimo sea el correcto, mi vida será un fracaso. Los árboles y las plantas dependen del tiempo para florecer, pero yo elaboro mi propio tiempo, que digo, lo llevo conmigo.

Pero si yo les ofrezco a mis clientes lluvia y lobreguez y tinieblas y pesimismo, reaccionarán con tristeza, tinieblas y pesimismo y no me comprarán nada.

Si les ofrezco gozo y entusiasmo y claridad y alegría a mis clientes, reaccionarán con gozo y entusiasmo, claridad y alegría, y mi tiempo producirá una cosecha de ventas y un granero de oro.

Hoy seré dueño de mis emociones

¿Y cómo dominaré mis emociones a fin de que todos los días sean días felices y productivos?

Aprenderé este secreto de los siglos: Débil es aquel que permite que sus pensamientos controlen sus acciones; fuerte es aquel que obliga a sus acciones a que controlen sus pensamientos.

Todos los días cuando despierte, seguiré este plan de batalla antes de ser capturado por las fuerzas de la tristeza, de la autocompasión y del fracaso.

Si me siento deprimido, cantaré.

Si me siento triste, reiré.

Si me siento enfermo, redoblaré mi trabajo.

Si siento miedo, me lanzaré adelante.

Si me siento inferior, vestiré ropas nuevas.

Si me siento inseguro, levantaré la voz.

Si siento pobreza, pensaré en la riqueza futura.

Si me siento incompetente, recordaré éxitos pasados.

Si me siento insignificante, recordaré mis metas.

Hoy seré dueño de mis emociones

De aquí en adelante, sabré que solo aquellos con habilidad inferior podrán estar siempre a su nivel más alto, y yo no soy inferior. Habrá días cuando tenga que luchar constantemente contra fuerzas que me desgarrarían.

Aunque el desánimo y la tristeza son fáciles de reconocer, hay otros que se nos aproximan con una sonrisa y con un amistoso apretón de manos pero también pueden destruirnos. Contra ellos, también debo estar siempre en estado de alerta.

Si se apodera de mi la confianza excesiva, recordaré mis fracasos.

Si me siento inclinado a entregarme con exceso a la buena vida,

recordaré hambres pasadas.

Si siento complacencia, recordaré a mis competidores.

Si disfruto de momentos de grandeza recordaré momentos de vergüenza.

Si me siento todopoderoso, procuraré detener el viento.

Si alcanzo grandes riquezas, recordaré una boca hambrienta.

Si me siento orgulloso en exceso recordaré un momento de debilidad.

Si pienso que mi habilidad no tiene igual, contemplaré las estrellas.

Hoy seré dueño de mis emociones

Y con este nuevo conocimiento comprenderé también y reconoceré los estados de ánimo de aquél a quien visite. Toleraré su enojo y su irritación de hoy porque no sabe el secreto de dominar su mente. Puedo resistir su saetas e insultos porque ahora sé que mañana cambiará y será un gozo visitarlo.

No juzgaré más a un hombre por una sola visita; no dejaré jamás de visitar de nuevo mañana a aquel que hoy me demuestra odio. Hoy no comprará carrozas de oro por un centavo, y sin embargo mañana canjeará su casa por un árbol. El conocimiento que tengo de este secreto será la llave que me abra las puertas de la riqueza.

Hoy seré dueño de mis emociones

De aquí en adelante reconoceré e identificaré el misterio de los estados de ánimo de toda la humanidad, y en mí. Desde este momento estoy preparado para dominar cualquier tipo de personalidad que se despierta en mi todos los días. Dominaré mis estados de ánimo mediante una acción positiva y cuando haya dominado mis estados de ánimo, controlaré mi destino.

Hoy controlo mi destino, y mi destino es el de convertirme en el vendedor más grande del mundo. Seré dueño de mi mismo. Seré grande.

¬Og Mandino

Libro: El Vendedor Más Grande Del Mundo

Photo by Navi Gator /Unsplash

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